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HACIA LA NUEVA ARQUITECTURA: INCERTIDUMBRE Y LATENCIA

Enero 23, 2017

Vivimos tiempos de fragilidad en los que la sociedad se está viendo abocada a establecer continuos juicios de valor sobre las consecuencias de esta nueva modernidad globalizada. Tal y como lo reflejó Zigmunt Bauman nos encontramos ante un mundo en continuo movimiento donde todo parece estar sujeto a la inestabilidad de lo sólido. La globalización económica y las grandes corporaciones internacionales bombardean nuestras vidas de abundancia de objetos y mensajes reinventando constantemente nuevas ideas de felicidad.

En este sentido, la arquitectura se encuentra ante una definición menos sólida, estática y fotogénica y mas cerca de un plano más dinámico, cambiante, veloz e incierto ante los diferentes cambios que el ser humano va a desarrollar a lo largo de su vida ante la búsqueda constante de una identidad temporal.

villa-saboya-hortera

Da la impresión que las imágenes idealizadas de esa bella arquitectura que aprendimos no correspondiesen con una realidad social más veloz, inestable, compleja, dispersa y a veces porqué no, inculta y hortera. Pero,  ¿no es ser hortera un derecho social de libre elección?. Definitivamente, llevamos demasiado tiempo actuando desde una posición de control autoritario impermeable, hermética, a tal límite que un proyecto se convierte en una batalla personal llena de justificaciones inamovibles más que en un hecho conciliador con la sociedad a la que servimos. La arquitectura parece necesitar más que nunca de capacidades de negociación, honestidad, sensatez, mutabilidad, mínimos recursos y anonimato al estar sujeta al nuevo rol del arquitecto en la sociedad y al devenir cambiante del ser humano y su constante búsqueda de valores. La arquitectura se enfrenta a un terreno donde debe resistir el arbitrio y la incertidumbre de ser manipulada y/o alterada, y con ella, convertirse en un soporte en estado latente de potenciales y oportunidades. Más que arquitectura como autoridad firme,  (arch- raíz de la palabra ‘jefe’ o ‘autoridad’), y  (tekton ‘constructor’), deberíamos explorar un nuevo nivel más amplio,  una hipertectura (hypér ´grado superior´)  con capacidad para controlar situaciones diversas, complejas, y a veces, contradictorias o políticamente incorrectas.


TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN: DE NUEVA AMSTERDAM AL RASCACIELOS. DOSIS 5

Abril 15, 2015

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EL NACIMIENTO DEL TERRITORIO URBANO VERTICAL: EL RASCACIELOS

La aparición en 1870 del transporte vertical (invento del ascensor de Elisha Otis), unido al avance de las estructuras de acero, el vidrio, el aire acondicionado y la bomba hidráulica, permite multiplicar nuevas posibilidades en la tercera dimensión de la ciudad, que transformarán de una forma singular el espacio colectivo de ésta.

Las dos tipologías-incubadora que emergen tras la colmatación de la manzana y la masificación de la calle, ya habían dado como resultado una serie de experiencias novedosas e inesperadas, que unido al gran avance de la técnica que pretendía cada vez más imponer su dominio sobre la naturaleza, se convertirían en las bases del nacimiento de la nueva tipología vertical. La revista Life en 1909 publica una historieta que escenifica sus características principales: una infraestructura gigante de acero acoge 84 niveles, unidos por un ascensor [36]

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66 “Teorema del rascacielos”. Historieta de AB Walker en LIFE Magazine, 1909.

Cada nivel acoge una escena de vida diferente en relación íntima con la naturaleza, con una desarticulación radical entre niveles, que de ninguna manera podrían formar parte de un mismo escenario. La desconexión de los lotes aéreos aparentemente contradice el hecho de que, en conjunto, suman un único edificio. El diagrama sugiere fuertemente que la estructura es un conjunto exactamente en la medida en que la individualidad de las plataformas se conserva y es explotada, y que su éxito debe medirse por el grado en que la estructura de lotes coexiste sin interferir con sus destinos finales.

El hecho de que el “teorema del rascacielos de 1909” se publicara en una revista popular como Life, dibujado por un pintor, mientras que las revistas de arquitectura de la época todavía se dedicaban al Beaux-Arts, sugería a Koolhaas [11c] que a principios del siglo, la gente ya intuía la promesa del rascacielos como forma colectiva de una manera más profunda que los propios arquitectos de Manhattan.

El híper-edificio reclama la añoranza romántica de la sociedad a un modelo urbano extinguido de los primeros colonizadores, despertando en las conciencias metropolitanas una forma artificiosa de devolver los verdaderos valores perdidos del hábitat en la ciudad a través del verticalismo artificial de lotes individualizados. Este diagrama quizá representaba una modernización de los valores holandeses, y que han tomado una base influyente en proyectos más actuales a la hora de representar la “Nueva Holanda” europea como es el caso del pabellón holandés diseñado por MVRDV para la Expo 2000 en Hannover, Alemania.

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67 Boceto del Pabellón de Holanda, MVRDV. Expo 2000 en Hannover, Alemania.ç

Juan Moya Romero

En los procesos antecesores de evolución de la ciudad, siempre ocupa un lugar de primer orden el estrecho diálogo con la naturaleza (dominación, extinción, racionalización, tecnificación), que ahora vuelve a resurgir nuevamente como búsqueda de un territorio abatido por la balanza de los mercados. La búsqueda de lo etéreo, que aparece como experiencia urbana en las cubiertas de los tenements, queda patentada y definida mediante un proceso de construcción vertical de gran escala donde la centralidad urbana de la cota base comienza a desplazarse hacia los planos más elevados, que aspiran a un conjunto de individualidades soñadas. La calle como realidad colapsada y dominada por la máquina, es complementada por un artificio que garantiza el deseo humano a través de la ficción, y que abre la puerta a una nueva realidad en conexión con la naturaleza ilimitada.

Las características del Store se ven reconocidas mediante un sistema que absorbe el beneficio de lo público hacia el interior del rascacielos elevándolo a las cotas superiores. Nace un suburbanismo vertical de fragmentos individualizados y desarticulados hasta el límite que ningún nivel altera el equilibrio del otro. La sección multicapa de Central Park que logró aislar y acotar dificultades, se traslada a la dimensión vertical, construyendo una naturaleza artificial estratificada mediante la técnica. Al igual que ocurre en el Store, la piel exterior enmascara la inestabilidad de un contenido interior para ser reinventado constantemente en cada bandeja-lote. Es la amalgama de fragmentos de un Central Park en potencia.

El tránsito desde la realidad maquinista de la calle, a la realidad deseada del observatorio que domina las alturas y conecta con la naturaleza, pasa por un serial de episodios optativos de ciencia ficción (lotes verticalizados), aislados de las inclemencias de la ciudad externa, construyendo el mástil para alcanzar su máxime en la coronación.

Pero quizá el espacio de mayor complejidad y de interés colectivo en el rascacielos se encuentre en su base. El looby-plaza es en su origen el espacio intermediador entre artificialidad y naturaleza, y entre realidad maquinista (calle) y realidad naturalizada (coronación). Constituye la sala de espera colectiva, un filtro previo de valores sociales de preparación para acceder de una puerta a otra en cada lote verticalizado, sin gradación ni acercamiento previo a cada experiencia urbana. Es la caja de un mago que te hace aparecer o desaparecer en episodios urbanos diversos. La calle como espacio colectivo por excelencia ha sido masificada y desequipada de los verdaderos valores de espacio público, tratando al hombre como un engranaje maquinista, lo que obliga a inventar un contexto soñado en el interior del rascacielos para unos cánones de socialización ideal que sustituya al mundo real. El looby-plaza es el invento para humanizar bajo nuevas reglas el paisaje colectivo de una forma artificial. No opera como fragmento aislado, sino como filtro conector de dos porciones de ciudad, la gran ciudad productora y socialmente conflictiva, y una nueva capa de ciudad vertical idealizada a través de la técnica, y dividida en fragmentos producto de una nueva acumulación de capital.

Regulaciones posteriores, como el Zoning Resolutions de 1961, permitirá ofrecer concesiones de zonificación (Bonus) para los desarrolladores urbanos, a cambio de dotar a ciertos espacios como el lobby de accesibilidad y uso para el público. Estos se transformarán en POPS [37] (Private Owners of Public Spaces), creando una verdadera trama de espacios, interiores de manzana y apilamientos verticales de lotes, todos ellos interconectados a través de los POPS [38] Esta capa de espacios tangentes a la trama de la gran ciudad diluye el marco físico convencional del espacio público, y es reveladora en la actualidad de un área potencial para la acción debido a su alto potencial de absorción y de interferencia colectiva. Su identidad ambigua y su estado latente preparado para cualquier oportunidad, transforma las cualidades y la dimensión del lugar colectivo, posibilitando reequilibrios del espacio urbano en áreas deficientes.

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68 Concepto origen del rascacielos. Juan Moya Romero

 

La mejor manera de entender esta transformación de las cualidades de la calle, subyace en los primeros orígenes culturales y urbanos de la ciudad. El concepto de manzana-isla que proponía el Plan para el Duque de York, que adelantaba la visión idealizada del futuro de New Ámsterdam por los colonos holandeses, se ve aquí representada como modelo urbano de manzanas verticalizadas. La manzana y el rascacielos-ínsula asumen su propio orden interno convirtiéndose en fragmentos de micro-ciudad dentro de una ciudad de un orden superior. El rascacielos opera como centro en una hiper-ciudad multicéntrica, que construye una nueva capa de urbanidad distinguida respecto al resto de ciudad caótica y engullida por la máquina, y sufragada por el avance de la técnica y la clase hegemónica.

En ambos modelos, los lotes parcelarios apilados tanto horizontal como verticalmente representan la individualidad y el vacío en potencia para la ocasión. El espacio colectivo arraigado a la naturaleza asume el valor de exclusividad de acceso para los lotes y el de dominio por el hombre. El observatorio del rascacielos domina la maquina urbana desde la distancia en las cotas más altas, y el jardín geométrico de manzana representa la ciencia, la precisión y la razón como valores ilustrados que dominan la naturaleza. El corredor se convierte en el medio que interconecta la experiencia individual con la colectiva, siendo en el rascacielos un artificio (ascensor) conector de experiencias bajo un proceso de “zapping” de ficciones urbanas, más que un espacio colector intermedio de los mismos.

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69 Verticalización de la manzana-isla del “Plan” del Duque de York.

Juan Moya Romero

Más allá del valor de profecía que la imagen del teorema del rascacielos de 1909 podía aportar, había una contribución nueva de carácter arquitectónico. El espacio exterior se ordena según un modelo de naturaleza convencional, representada en amables jardines o pequeñas huertas que rodean a las casas y que permiten a los usuarios no sólo disfrutar del estatus primigenio de villa aislada con jardín, sino de la posibilidad de entrar a formar parte de un mundo más denso, más civilizado, más próximo al concepto de ciudad intensiva y por tanto más rentable: una modernización sustentable del modelo de colonia holandesa.

Por otra parte, sin quererlo, se adelanta una idea de ciudad de extraordinaria complejidad no experimentada hasta el momento, donde un sistema estructural neutro, coincidente con la parcelación catastral de la ciudad, albergaría a una segunda ciudad modulada por la primera. Surge una matriz tridimensional de aparente arbitrariedad y anarquía edilicia y paisajística, con diferenciales de realidad-ficción, enmarcados bajo el gran hallazgo de la razón, de la técnica y del loteo catastral de la ciudad.

Autores como Elizabeth Blackmar afirman que “la geometría de la red sugiere una reactivación del gusto clásico, que encontró la belleza de la simetría y el equilibrio” [39] o como el propio Le Corbusier, que supo discriminar la belleza del orden bidimensional que el Plan de los Comisionados imponía sobre el territorio, respecto al caos que conllevó su materialización incierta en su dimensión vertical [40]. Pero no debemos obviar que la ciudad vertical de Manhattan no es más que una repetición del orden establecido en su base, una reproducción de variantes de la grilla en diferentes estratos, y por tanto, con un orden intrínseco en cada nivel con capacidad para operar de la misma forma y orden en que lo hace en su base. Por tanto el campo de posibilidades se amplía en la medida en que la grilla al igual que el lote en el rascacielos se multiplica, y nos permite explorar un paisaje colectivo desconocido y modulado en otras alturas.

Interesa resaltar el valor propositivo de estos espacios, variables en altura y que, posteriormente, han sido rescatados como leitmotiv de propuestas arquitectónicas de gran valor. Se podría decir que, tras la imagen de densidad que se percibe en el rascacielos, no se esconde más que un conjunto de lotes vacíos en la medida en que son espacios preparados para ser reinventados constantemente, potencialmente aptos para ser usados de mil modos distintos y siempre dispuestos para acoger acontecimientos en la construcción de una ciudad interior fragmentada. Su escala y la amplitud de aprovechamiento que ofrece su tamaño permiten entenderlo así. Frente al lleno, que posee el valor de lo definido y lo concluso, el vacío, lugar con expectativas de ser ocupado, adquiere el sentido de lo potencial, del territorio que se llena de significados como la propia Red. La atención a lo no edificado, la mirada más allá del objeto, nos plantea la importancia del tapiz-bandeja donde los contenidos y los objetos existen y el medio adquiere la misma importancia que ellos. Si el objeto es concreción, el medio de relación es aptitud y variabilidad, de ahí el provecho del vacío en su disposición de llegar a ser lo que queramos de una manera inagotable. Cada bandeja indefinida del rascacielos concentra un estado en potencia que nos permite hablar de un territorio urbano tridimensional fragmentado, complejo y variable.

El rascacielos por tanto constituye el prototipo arquitectónico de un nuevo urbanismo de control, capaz de hacer posible la convivencia de la identidad mediante el deseo y la fantasía, el cambio, la exuberancia, el dominio sobre la naturaleza, y el beneficio público del laissez faire de los mercados.

 NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1a] [1b] [1c] Shorto, Rusell. Manhattan: The Island at the center of the World. New York: Vintage Books. A division of Random House Inc, 2005.

[2] Verrazano, Giovanni de. Diario de viaje de Giovanni de Verrazano. The relation of Iohn de Verrazano a Florentine, of the land by him discovered in the name of his Maiestie, Londres. Londres: s.n., 1809.

[3] Juet, Robert. The journal of the voyage of the half-moon, Henry Hudson, master, from the Netherlands to the coast of North America in the year 1609. New York: s.n., 1841.

[4] Somers Somers, John. The judgment of whole kingdoms and nations concerning the rights, power and prerogative of kings and the rights, priviledges and properties of the people. Londres: T. Harrison. University of Michigan, 1710.

[5] Shorto, Rusell. Diario El Pais. 30 Abril 2011.

[6a] [6b] [6c] [6d] Piza, Antonio. Pla, Mauri. Chicago-New York. S.l.: Abada Editores, 2012.

[7a] [7b] William Reps, John. The Making of urban America. S.l.: Princeton University Press, 1965.

[8a] [8b] Ciucci, Giorgio, y otros. La ciudad americana: de la Guerra Civil al New Deal. Barcelona: Gustavo Gili, 1975.

[9] Tönnies, Ferdinand. Comunidad y sociedad civil. Edición 2001. s.l: Cambridge University Press, 1887.

[10] Petrus Berlage, Hendrik. Obra Completa. Editorial Electa Spa, 2002

[11a] [11b] [11c] Koolhaas, Rem. Delirio en New York: un manifiesto retroactivo para Manhattan. Barcelona: Gustavo Gili, 1974.

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[18a] [18b] Lambert, John. From travels through Canada and the United States of Noth America in the years 1806, 1808, Empire City: New York through the Centuries. New York: Columbia University Press, 1808.

[19] Morales, De Solá-. Territorios. Barcelona: Gustavo Gili, 2003.

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[21a] [21b] Alois Shumpeter, Joseph. Socialismo, capitalismo y democracia. 1942.

[22a] [22b] Holloway, Marguerite. The measure of Manhattan. The tumultuous career and surprising legacy of John Randel, Jr. s.l.: WW.Norton and company , 2013.

[23a] [23b] K. Spann, Edward. The Greatest Grid: the New York Plan of 1811. Baltimore: Daniel Schafer. John Hopkins University Press, 1988.

[24] Van Gennep, Arnold. Los ritos de paso. s.l: Alianza Editorial, 1909.

[25] Turner, Victor. Liminal a liminoide en juego, de flujo y el ritual: un ensayo de simbología comparativa. s.l: Estudios Universia Arroz, 1974.

[26a] [26b] Bryant, Cullen. New York Evening Post. 4 Julio, 1844.

[27a] [27b] [27c] Jackson Downing, Andrew. A treatise of theory and practice of landscape gardening adapted to North America; with a view to the improvement of country residences. Boston: CC Little and Co, 1841.

[28] Ábalos Vázquez, Iñaki. Atlas Pintoresco Vol 2: Los viajes. s.l. : Gustavo Gili, 2008.

[29a] [29b] Law Olmsted, Frederick. Walks and talks on an american farmer. New York: George P. Putnam, 1852.

[30] Careri, Francesco. Walkscapes: El andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili, 2002.

[31] Waldo Emerson, Ralph. El espíritu de la naturaleza. Buenos Aires: Errepar, 1836.

[32] Martínez García- Posada, Ángel. Tiempos de Central Park. s.l: Instituto universitario de arquitectura y ciencias de la construcción. Universidad de Sevilla, 2011.

[33] Venturi, Robert, Scott Brown, Denise y Izenour, Steve. Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. s.l: The MIT Press, 1972.

[34a] [34b] Guzmán- Guzmán, César Ernesto. Una vuelta a la manzana. Las ordenanzas y la forma urbana. Bogotá: Bitácora 12. Departamento de urbanismo de la universidad de Colombia, 2008.

[35] De Mandariaga Sánchez, Inés. Introducción al urbanismo. Conceptos y métodos de la planificación urbana. Madrid: Alianza Editorial, 1999.

[36] Life Magazine: Real state Number. Marzo 1909.

[37] S. Kayden, Jerold. The New York City Privately owned public space proyect, New York City. s.l: John Wiley and sons Inc, 2000.

[38] Busquets, Joan. Ciudades X formas: una nueva mirada hacia el proyecto urbanístico. s.l. : Nicolodi, 2007.

[39] Rosenzweig, Roy y Blackmar, Elisabeth. The Park and the people: a history of Central Park. New York: Cornell University Press, 1992.

[40] Le Corbusier. Cuando las catedrales eran blancas. Viaje al país de los tímidos. Madrid: Apóstrofe, 1935.

[41] Vazquez, García. La ciudad hojaldre. Visiones urbanas del siglo XXI. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

[42] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad. . s.l: Gedisa, 1993.


TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN: DE NUEVA AMSTERDAM AL RASCACIELOS. DOSIS 4

Abril 15, 2015

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LA COLMATACIÓN DE LA MANZANA: TENEMENT Y STORE

El tamaño de las manzanas del Plan de los Comisionados de 1811 (240 x 60 metros), permitía segregar éstas a su vez en lotes menores de suelo que presentaban una profundidad de 30 metros y una anchura de 7,5 m (resultando 16+16=32 lotes en su dimensión longitudinal y 8+8=16 lotes en su dimensión transversal). Esta fragmentación respondía a una estrategia de optimización para un mayor aprovechamiento económico, teniendo en cuenta que el mayor valor inmobiliario se encontraba en los frentes de fachada, y la calle se convertía en el medio para el desarrollo de un paisaje colectivo basado en el comercio.

Esta división del suelo sería la base sobre la que surgirían las dos tipologías importantes de este periodo, que empezarían a dotar al campo relacional de unas cualidades excepcionales: el Tenement y el Store.

Las manzanas eran soportes espaciales donde se iban incluyendo, según las necesidades y sin distinción, los diferentes edificios tanto públicos como privados: iglesias, equipamientos institucionales, oficinas, hoteles, viviendas, almacenes… El lote era un rectángulo blanco sobre blanco, un lugar sin cualidades, inconcluso, con capacidad para asumir cualquier iniciativa específica [33]

La fachada de los lotes debían mantener la misma alineación frente a la acera y se estableció una ocupación del 50% de la parcela. El restante 50% debía destinarse como área libre o patio con un componente a priori exclusivo [34a]. En la génesis de la manzana se observa una clara influencia holandesa, que nos hace comprender la fragmentación del espacio libre interior en micro-naturalezas que aspiran a una íntima interrelación con cada villa-edificio. El Plan de los tres canales en Ámsterdam (1607) de Hendrik Jz Staets considera manzanas de diferente proporción (lotes de profundidad de 51m) pero de similar concepción, regulando 8m de ancho de fachada, 53% de ocupación máxima de terreno, y área libre trasera ajardinada e individual.

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52 Plan de los tres canales en Amsterdam (1607)

53 Plan de los Comisionados en Manhattan (1811)

Juan Moya Romero

El patio trasero del Plan de los Comisionados sí contaba con la peculiaridad de la incertidumbre, y de una carente definición inicial suficientemente clara, debido a la razón de ser del propio código abierto del Plan. El profundo arraigo a un territorio domesticado y una clara apuesta individualista, conviven en paralelo con un objetivo liberador basado en las ventajas comerciales de la trama geométrica. Luego la creciente actividad económica de la ciudad y la llegada masiva y constante de inmigrantes trajo consigo la especulación del suelo para la demanda residencial, que convertiría la construcción de alojamientos en régimen de arrendamiento en un negocio de alta rentabilidad para los terratenientes, donde el patio trasero sufriría importantes transformaciones.

Esta circunstancia modificó en muchos casos incluso los planteamientos generales de parcelación de la manzana, y no fue extraño ver cómo aparecían 5 edificaciones en el lugar que hubieran ocupado inicialmente 4 lotes, reduciendo la anchura de la fachada a 6 metros (y manteniendo los 30 de profundidad). Incluso se dieron casos de 4 edificaciones construidas donde correspondían 3 lotes, de forma que los frentes de las viviendas se reducían hasta los 5,60 metros. La altura de la edificación era un parámetro libre en aquel momento, y estuvo en buena medida determinada por los alcances de las técnicas de construcción. [34b]

El aumento constante de demanda de alquileres llegó a activar un proceso de transformación informal de las unidades residenciales y, en consecuencia, de las cualidades del espacio libre de manzana. Inicialmente, unidades unifamiliares con espacio libre exclusivo evolucionaron a unidades multifamiliares (tenements ó casas de inquilinos) y en otros casos, a la construcción de nuevas unidades, ocupando el vacío interior con el exclusivo propósito de aprovechar la máxima rentabilidad posible y llegando a extinguir el patio interior de manzana.

Para los grandes propietarios, el patio de manzana era un lugar sin interés bajo una mirada especulativa de máxima ocupación y rentabilidad, aunque para el vecindario se convertía en un lugar extensivo de la vida doméstica, y en algunos casos donde se construían relaciones colectivas improvisadas de muy diversas formas.

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54 Apropiación colectiva de los patios traseros de los tenements. Jacob A. Riis

La transformación de la vivienda en unidad multifamiliar con la que se ocupó buena parte de la trama reticular de Manhattan, se resolvió mediante la agregación sucesiva de espacios con una disposición llamada “Railroad Flat” (vivienda ferrocarril), lo que permitió que tan solo las habitaciones que se abrían a la calle y al espacio posterior cada vez más reducido, contaran con iluminación y ventilación natural.[35] El patio trasero, único medio de escape de la vida doméstica, era progresivamente sometido a un proceso de extinción, llegando a contar con dimensiones tan reducidas que transformaban su cualidad habitable en un simple medio tecnológico de supervivencia doméstica que permitiera la entrada mínima de aire y luz, borrando de este modo el paisaje colectivo en el interior de las manzanas.

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55 Evolución de la edificación en la parcela original.

Inés Sánchez de Mandariaga

Las diferentes regulaciones normativas se ocuparon de una insuficiente mejora de las condiciones de hábitat de los tenement sin llegar a forjar un discurso prioritario sobre las áreas libres en el interior de las manzanas. La primera Ley de Casas de Alquiler en 1857 (First Tenement House Act) se ocupó de abrir un camino de regulación de este aspecto, cuyas leyes posteriores, como la Ley de Casas de Alquiler en 1879 (The Old Law) y la New Law de 1901, precisaron y ampliaron, llegando solamente a regular la dimensión mínima de los patios de ventilación y la apertura de núcleos de escalera, sin llegar a paliar la extinción del área interior de manzana como lugar habitable y generador de un paisaje colectivo.

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55, 56, 57, 58 Evolución del vacío de manzana en 1850-1901 Juan Moya Romero

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60 “Dumbbell” (campana de ventilación) en un tenement.

Inicialmente, existía una gradación descendente del valor de alquiler residencial de cada planta en función de la altura de piso, siendo las plantas más rentables las situadas en la parte baja, por tener un acceso más cómodo y directo a la calle y al patio trasero, que normalmente estaba dotado de un suministro de agua y servicio común. La densificación progresiva de la manzana conllevó un incremento de ocupación y altura de los lotes, llegando a extremos que superaron el 90% del área edificada, lo que provocaría una inversión en la escala de valor de cada planta. Las plantas más altas constituían un lugar más deseado para vivir, por contar con una mejor ventilación (aire más puro y fresco), mejor iluminación y mayor aislamiento del ruido.

El paisaje colectivo empezaría a verticalizarse y se fragmentaba en los diferentes niveles de los tenement. Las plantas empezaban a segregarse por comunidades de la misma cultura, etnia, religión o procedencia. Cada nivel adquiría su propio orden, unidad y personalidad propia rozando casi la ausencia de articulación entre los mismos.

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61 Descentralización vertical del Tenement. Juan Moya Romero

La micro-naturaleza asociada a cada lote edificado fue extinguiéndose bajo un proceso de densificación acelerado iniciado por los grandes propietarios en busca de la máxima rentabilidad de los lotes y un marco normativo de mínimos higiénicos. Paradójicamente no existía una negación de la naturaleza bajo este proceso, puesto que los propietarios vivían contradictoriamente en grandes mansiones rodeadas de extensos campos, normalmente en el extra-radio de Brooklyn y en el Norte de Broadway donde todavía no había llegado el proceso urbanizador del Plan. Era la dicotomía mercader-mercancía lo que hacía considerar al inmigrante-tenement un mecanismo de negocio alejado de todo valor o creencia humana. La planificación se había convertido en el instrumento de control de la ciudad por los poderosos, y al igual que los esclavos africanos que ya habían sido anteriormente considerados una mercancía y un medio maquinista de la ciudad, el tenement y el inquilino era un producto deshumanizado, expulsado del círculo de valores que seguían conservándose en las grandes mansiones bajo la imagen quimérica de un New York virgiliano, alejado de la ciudad y en contacto con un paisaje todavía conservado en la isla. La ciudad parecía estar segmentada en dos porciones: la ciudad máquina productora de beneficios donde el inmigrante era una renta más, y la ciudad de extrarradio imbricada en el exotismo natural de una clase social de alto poder adquisitivo.

La alta densificación de población en las manzanas provocó que las calles se convirtieran en grandes conducciones masificadas de gente, que se dirigían a un mismo objetivo: el beneficio de la actividad económica. El hombre se encontraba inmerso en la alienación social, convirtiéndose en un engranaje dentro de la gran máquina económica de la ciudad planificada por las élites, y la calle en el conductor mecánico de la energía urbana que producía.

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62 Manzana en el Lower East Side donde vivieron 2.800 personas en 39 edificios de apartamentos de seis pisos.

Bajo estas circunstancias, junto a las calles que rebosaban de movimiento humano, empezaron a surgir los Stores o almacenes comerciales. Una tipología que aprovechaba y absorbía el paso de las grandes masas de gente para obtener grandes rentabilidades comerciales. Empezaron a ocupar lotes parcelarios con alturas variables, aunque no superaron nunca el máximo ángulo perceptivo del viandante desde la calle. Las fachadas, que ocupaban la máxima superficie visual, tenían una composición sencilla, sin ornamentos, con grandes ventanales divididos en particiones y grandes toldos que a veces ocupaban varias plantas, donde la única referencia de su contenido interior eran los grandes letreros comerciales. [6c] Algunos pequeños comerciantes instalaban en ellos sus viviendas, pero no había nada en su composición exterior que reflejara la existencia de un lugar habitable ni de su especificidad. Forma y contenido partían de una disociación clara basada en la propia indeterminación en la que se fundamentaba el propio Plan de los Comisionados. Era el tipo que mejor reproducía, bajo un volumen vertical, las cualidades del lote: un volumen en blanco (store), sobre un rectángulo en blanco (el lote).

Por el contrario, los grandes comerciantes seguían viviendo en la distancia en unas condiciones de hábitat que muy pronto se verían extinguidas por la ferozidad devoradora de la máquina urbana que ellos mismos habían diseñado.

Este tipo edificatorio se fue acomodando estratégicamente en las posiciones de espacio público de mayor atracción en la ciudad. Las calles N-S (Broadway, Broad, Nassau, y Church St) asumían un gran potencial territorial en la isla, y su condición de líneas centrales a ésta la convertía en el lugar de fricción inter-portuaria (Hudson river y East river) a través de las calles transversales de escala local que comunicaban con dichos bordes marítimos. Esta circunstancia hacía de estas posiciones de esquina un lugar de alta rentabilidad idóneo para el intercambio.

En estas posiciones algunas tipologías empezaron a emerger alcanzando mayor altura (hasta 6-7 plantas) y sobresaliendo de los edificios vecinos [6d] transformando la imagen y las cualidades del paisaje colectivo que quedaba marcado por un alto nivel de intensidad comercial en estas áreas, e invirtiendo la polaridad del espacio público que originalmente se encontraba en los puertos y ahora empezaba a ocupar un lugar más central.

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63 Niveles de intensidad comercial en el espacio público del

Bajo Manhattan en 1831. Juan Moya Romero

La economía hacía emerger en estas localizaciones la multiplicación del estrato indefinido. El lote adquiría una forma extruida, llevando el código abierto hacia cotas atípicas y construyendo un potencial vertical susceptible de ser ocupado. El store constituía el paradigma de la verticalización del lote, mostrándose al exterior neutral e infiel a su interior.

La dimensión vertical parecía tomar una presencia inesperada en las dos tipologías surgidas, producto de la colmatación del espacio libre de la manzana: la escala de valor de las plantas en el tenement se invierte, el espacio aparece fragmentado socialmente por niveles y las plantas altas ahora se convierten en el espacio más deseado y valorado como búsqueda alternativa a la micronaturaleza extinguida del patio. Las cubiertas son el lugar más fresco donde dormir en épocas calurosas, un lugar donde compartir experiencias colectivas y conectar con la única naturaleza no extinguida capaz de suplantar al jardín trasero: el cielo. “Rascar” el cielo ilimitado permite dotar a los habitantes por primera vez de una visión integral de la máquina urbana que les atrapa desde una visión deseosamente dominadora y catalizadora de una nueva conciencia de lo etéreo. El Store pone de manifiesto las ventajas de lo público en altura, absorbiendo itinerarios alterativos ascendentes para el viandante, y la disociación de su interior oculto de contenido respecto a su exterior inexpresivo, parece construir un escenario neutro para la vida urbana en la calle, que acaba absorbiéndola y definitivamente redirigiéndola.

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64 The New Metrópolis, 1899, cubiertas habitadas de los tenements.

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65 The Tappan´s Store en Pearl Street en 1826

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1a] [1b] [1c] Shorto, Rusell. Manhattan: The Island at the center of the World. New York: Vintage Books. A division of Random House Inc, 2005.

[2] Verrazano, Giovanni de. Diario de viaje de Giovanni de Verrazano. The relation of Iohn de Verrazano a Florentine, of the land by him discovered in the name of his Maiestie, Londres. Londres: s.n., 1809.

[3] Juet, Robert. The journal of the voyage of the half-moon, Henry Hudson, master, from the Netherlands to the coast of North America in the year 1609. New York: s.n., 1841.

[4] Somers Somers, John. The judgment of whole kingdoms and nations concerning the rights, power and prerogative of kings and the rights, priviledges and properties of the people. Londres: T. Harrison. University of Michigan, 1710.

[5] Shorto, Rusell. Diario El Pais. 30 Abril 2011.

[6a] [6b] [6c] [6d] Piza, Antonio. Pla, Mauri. Chicago-New York. S.l.: Abada Editores, 2012.

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[18a] [18b] Lambert, John. From travels through Canada and the United States of Noth America in the years 1806, 1808, Empire City: New York through the Centuries. New York: Columbia University Press, 1808.

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[22a] [22b] Holloway, Marguerite. The measure of Manhattan. The tumultuous career and surprising legacy of John Randel, Jr. s.l.: WW.Norton and company , 2013.

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[24] Van Gennep, Arnold. Los ritos de paso. s.l: Alianza Editorial, 1909.

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[26a] [26b] Bryant, Cullen. New York Evening Post. 4 Julio, 1844.

[27a] [27b] [27c] Jackson Downing, Andrew. A treatise of theory and practice of landscape gardening adapted to North America; with a view to the improvement of country residences. Boston: CC Little and Co, 1841.

[28] Ábalos Vázquez, Iñaki. Atlas Pintoresco Vol 2: Los viajes. s.l. : Gustavo Gili, 2008.

[29a] [29b] Law Olmsted, Frederick. Walks and talks on an american farmer. New York: George P. Putnam, 1852.

[30] Careri, Francesco. Walkscapes: El andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili, 2002.

[31] Waldo Emerson, Ralph. El espíritu de la naturaleza. Buenos Aires: Errepar, 1836.

[32] Martínez García- Posada, Ángel. Tiempos de Central Park. s.l: Instituto universitario de arquitectura y ciencias de la construcción. Universidad de Sevilla, 2011.

[33] Venturi, Robert, Scott Brown, Denise y Izenour, Steve. Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. s.l: The MIT Press, 1972.

[34a] [34b] Guzmán- Guzmán, César Ernesto. Una vuelta a la manzana. Las ordenanzas y la forma urbana. Bogotá: Bitácora 12. Departamento de urbanismo de la universidad de Colombia, 2008.

[35] De Mandariaga Sánchez, Inés. Introducción al urbanismo. Conceptos y métodos de la planificación urbana. Madrid: Alianza Editorial, 1999.

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[38] Busquets, Joan. Ciudades X formas: una nueva mirada hacia el proyecto urbanístico. s.l. : Nicolodi, 2007.

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[40] Le Corbusier. Cuando las catedrales eran blancas. Viaje al país de los tímidos. Madrid: Apóstrofe, 1935.

[41] Vazquez, García. La ciudad hojaldre. Visiones urbanas del siglo XXI. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

[42] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad. . s.l: Gedisa, 1993.


TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN: DE NUEVA AMSTERDAM AL RASCACIELOS. DOSIS 3

Abril 15, 2015

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CENTRAL PARK: EL NACIMIENTO DE OTRA URBANIDAD

Entre 1821 y 1855 Nueva York cuadruplicó su población por la gran afluencia de inmigración. Como la población se había ampliado, las calles se saturaban de intensa actividad y las personas tenían pocos espacios al aire libre para alejarse de la ruidosa ciudad. Los cementerios comienzan a asumir un valor de espacios atractores para el tiempo libre donde encontrar el valor de la familia, la comunidad y el contacto perdido con la naturaleza. Parecían cobrar un significado real en las conciencias, cada vez más despojadas por el progreso industrial de los verdaderos valores humanos.

En 1844 un periodista y poeta llamado William Cullen Bryant, editor del New York Evening Post, promovió la planificación de un parque público para Nueva York presintiendo que, dado el rápido crecimiento de la ciudad hacia el norte, en poco tiempo no habría en Manhattan ni un solo espacio verde, puesto que el Plan de los Comisionados de 1811 no había reservado ningún lugar para ello. Se había provocado una situación en que la actividad económica y el negocio inmobiliario que permitiría hacer realidad la quimera de una urbanidad y sociedad avanzada, que ya quedó representada en el Plan del Duque de York, estaba extinguiendo su pilar determinante, la íntima relación con el paisaje natural de la isla.

“El comercio está devorando metro a metro la costa de la isla, si queremos salvar alguna parte para nuestro bienestar debe hacerse ahora” [26a]

“La población de la ciudad se incrementa con tal rapidez que pone en evidencia que en Nueva York no se hizo ninguna previsión de parques o jardines públicos a lo largo de la parte central de la isla o en ningún otro lugar. Hay terrenos sin ocupar en la isla que debieran ser destinados a este propósito, y que debido a su naturaleza rocosa y a su topografía desigual, deben ser preparados para ser lugares de descanso hermosos. Mientras discutimos esto, la ciudad que crece está ocupándolos y anulándolos para tal fin” [26b]

 Andrew Jackson Downing, el primer arquitecto paisajista del país, que había publicado en 1841 un Tratado de Teoría y Práctica en Jardinería del Paisaje adaptado a Norte América siguió las reivindicaciones de Bryant y juntos presionaron a los planificadores de la ciudad para establecer qué tierras podían ser reservadas.

“Un gran parque público enriquecería el carácter nacional y el conocimiento y el amor por la naturaleza” [27a]

Ambos parecían reconocer la necesidad de la naturaleza en la isla como refugio colectivo de las conciencias deshumanizadas, causado por el proceso de avance comercial de la ciudad. Los pintores de la Escuela del Rio Hudson empezaban a ser parte de la influencia de un pintoresquismo cuya añoranza a la naturaleza se convertiría en el nuevo espíritu de la nación. La principal fuente de orgullo americano, su gobierno democrático estaba en riesgo en los años previos a la Guerra de Secesión y la nación parecía necesitar un tema que uniera a un país dividido. Viendo imágenes de pintores como Cole, Durand o Blakelock se comprende la definición del imaginario pastoril de atmósferas románticas y naturistas de los tratados del propio Downing, que no hacían más que afirmar la riqueza natural como el gran valor nacional capaz de unificar una nación dividida.

La idea de un gran parque urbano fue asumiéndose gradualmente, los defensores de su creación, fundamentalmente terratenientes y comerciantes, comenzaban a admirar los grandes parques públicos de París, Londres, Viena, y señalaban que New York necesitaba de un espacio similar que representara su reputación internacional y su refinamiento como ciudad. Parecía reclamar la necesidad de un lugar como institución donde la evolucionada sociedad pudiese reconocerse a sí misma, y proyectarse hacia el mundo. En la década de 1860 el parque era el patio de recreo de las clases adineradas; durante las tardes los caminos del parque se llenaban de lujosos carruajes y mujeres con ostentosas vestimentas que eran el símbolo de su estatus social.  Los fines de semana se les unían sus maridos para asistir a conciertos o paseos. Los conciertos del sábado por la tarde atrajeron audiencias de clase media también, pero la semana laboral de seis días impedía la asistencia de la población de clase trabajadora de la ciudad, hasta que posteriormente se puso en marcha una exitosa campaña para realizar conciertos los domingos.

Finalmente en 1850 se convirtió en cuestión electoral para los dos candidatos a la alcaldía. Será tras la gran depresión de 1857 cuando miles de inmigrantes alemanes e irlandeses llegan a New York con la esperanza de encontrar trabajo en la industria o la construcción, y el gran parque se convierta en objeto electoral como fuente poderosa de empleo para evitar revueltas y protestas.

El parque surge desde el cruce de varios intereses de la clase poderosa: por un lado la necesidad de un espacio exclusivo y refinado que representara su status y con proyección hacia el mundo reclamado por la alta sociedad newyorquina, la creación de un objeto populista para alcanzar el dominio político mediante la creación de una fuente de empleo para la inmigración y las clases más desfavorecidas, y por último, una estrategia urbana de polarización donde las grandes fincas de los terratenientes que se situaban más al norte de la ciudad consolidada quedarían circundantes al parque aumentando su valor para su desarrollo.

También es relevante señalar la confluencia de intereses, que en este momento histórico se da en tendencias e ideologías dispares: entre algunos maestros unitarios protestantes y los congregacionistas, los socialistas utópicos seguidores de Charles Fourier y los trascendentalistas.

El Parque nace por tanto como establecimiento de una balanza de fuerzas, por un lado un espacio reclamado como un bien común para la salud de toda la ciudad, educador para la clase desfavorecida a iniciativa de la clase hegemónica y, por otro, un espacio representativo y especulativo para un colectivo exclusivo pudiente.

El alcalde Ambrose C. Kingsland encargó al Consejo Municipal la puesta en marcha del proceso de construcción del parque. El Consejo recomendó el emplazamiento de Jones Wood, 61 hectáreas de tierra limitadas por la Tercera y el East River, entre las calles 66 y 75. Este lugar ya había sido explotado anteriormente como una variante de Pleasure gardens. Estaba junto a la orilla del East River, y tenía un terreno fértil con abundante vegetación y arbolado. Pero para Downing, Jones Wood era un emplazamiento demasiado pequeño y deslocalizado, así como consideraba su vegetación demasiado densa para los espacios que creía esenciales. En la zona central de la isla había localizado un territorio todavía virgen y no apto para edificación, fácil de adquirir, y donde superponer un nuevo estrato de naturaleza símbolo de un país.

“Deberían reservarse no menos de 500 acres entre las calles 39 y el río Harlem. La mayor parte es todavía un área inútil y así podrían adquirirse por un millón de dólares. En esta superficie habría espacio suficiente para amplias zonas de parque y zonas de recreo, que dieran una impresión real del aire y la belleza del campo verde, el olor y la frescura de la naturaleza. En medio debería estar emplazada la gran reserva para la distribución de agua del acueducto de Croton, en forma de agradables largos de agua clara. En un parque así, los ciudadanos harían excursiones en carros o a caballo, tendrían el encanto inherente de los caminos y escenas campestres y olvidarían por un tiempo el sonido de las calles o el fulgor de los edificios. Los peatones encontrarían la calma y buscarían la soledad de ciertos caminos o encontrarían la compañía de miles de rostros felices en las zonas amplias cuando así quisieran” [27b]

Downing, que ya había recibido el encargo del parque público de Washington que uniría el Capitolio y la Casa Blanca, parecía ser el diseñador ideal para el parque, aunque un año después moría en un desgraciado accidente. El Estado, siguiendo los consejos de Downing, autorizó la compra del terreno entre las calles 59 y 106 y entre las avenidas Quinta y Octava (252 hectáreas) cuya proporción 1:5 y forma rectangular, deudora de dicha trama, contradecían precisamente los ideales pintoresquistas. Para mayor inconveniente, las únicas construcciones que existían allí eran los depósitos de agua de la ciudad, antiestéticas construcciones industriales que ocupaban una posición central y dominante y que lógicamente había que conservar. En 1859 se decidiría también incorporar los terrenos entre las calles 106 y 110, aumentando el tamaño del parque hasta 340 hectáreas. Era un rectángulo blanco sobre blanco, un territorio sin cualidades producto de una suma de manzanas, donde la trama de la ciudad ponía de manifiesto posibilidades de un orden superior y de una visión naturista quizá producto del efecto interpretativo que la Red ofrecía a través de su código abierto.

La ubicación definitiva del parque era central a la isla de Manhattan pero no central a la ciudad de New York., lo que reflejaba la autonomía del parque respecto a la escala de su entorno (la isla). Los terrenos daban la espalda al agua circundante (elemento vital de la actividad comercial), y el territorio no podía ser más feraz. Conforme se adentraba hacia el centro de la ciudad se tenía más contacto con la naturaleza. Era una operación regresiva hacia el paisaje, consecuencia de la “maquinización” de los bordes marítimos de la isla. La deforestación demandada por la actividad portuaria había convertido los terrenos en espacios baldíos, donde el sustrato vegetal era inexistente o mínimo, y donde no quedaba ni un solo árbol. La roca afloraba casi en todas partes y su configuración topográfica dejaba ciénagas pantanosas sin drenaje natural. Era un paisaje agreste donde Downing, a través de la trama como medium, visualizaba el potencial de un mundo natural imaginado y superpuesto, que llenaría de intensidad un lugar sin cualidades. Quizá de una forma indirecta, era el trasplante conceptual de la manzana del Plan del Duque a una escala de gran manzana. Una naturaleza interior, central, exuberante, lugar colectivo idealizado y añorado, regulada bajo normas de uso (elaboradas entre 1859 y 1860 las cuales restringían actividades, formas de comportamiento en el parque, protecciones vegetales, etc…), accesible exclusivamente a los lotes de la isla y donde los contornos pasaban a un segundo orden en el ámbito colectivo. Realmente no era el espacio “público” de New York, sino el jardín interior de una gran manzana del “Plan” del Duque: la isla de Manhattan.

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36 La manzana-jardín del “Plan” del Duque y la gran manzana-jardín de Manhattan.

Juan Moya Romero

En 1856 Calvert Vaux, arquitecto paisajista francés se había trasladado a New York para trabajar con Downing. Allí conoció a Egbert Ludovicus Viele, un ingeniero experto en cartografía y drenajes que había recibido el encargo de liderar el proyecto de construcción de Central Park. Éste había realizado un levantamiento del lugar y un diseño previo del parque que, aún recibiendo grandes críticas de personajes influyentes como Charles Elliot, aportaría cierta influencia en aspectos que los concursantes no pasarían por alto en sus proyectos. Decidió cambiar la forma rectangular del depósito de agua que iba a construirse en el área de reserva norte respecto al existente y sugirió el nombre de Manhattan Lake o Croton Lake, lo que planteaba que sus bordes se suavizaran y sus trazos pasaran a entenderse de un modo más orgánico. Las trazas de los nuevos caminos eran sensiblemente adaptaciones de las líneas morfológicas y topográficas existentes, siendo el responsable de la necesidad de conexiones transversales, separadas convenientemente para permitir un tránsito sencillo E-O para fines comerciales. La traza de la isla puede entreverse en los trazados de los nuevos caminos, como si el gran rectángulo cartesiano de la trama urbana fuese una ventana zoom de acercamiento y comprensión de una nueva idea anti-urbana añorada, una Manhattan dentro de otra que emergía como lugar colectivo donde la naturaleza extinguida por la propia Red surgía como efecto purificador de la conciencia ciudadana.

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37 Prediseño para Central Park. Egbert Ludovicus Viele. 1856

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38 Micro-Manhattan natural (trazado Viele) dentro de

Manhattan urbana (Red). Juan Moya Romero

El proyecto de Viele tendría grandes controversias, y la Comisión encargaría un informe a alguien con criterio y confianza. Vaux fue el encargado de hacerlo, puesto que había sido el gran colaborador de Downing, arquitecto que representaba el nuevo paisajismo norteamericano. Calvert Vaux emitió un dictamen concluyente, el diseño no era adecuado. No evitaba la intrusión del tráfico en los escenarios del paisaje, perpetuando todo posible efecto de continuidad. Carecía además de concepción artística totalizadora, no habiéndose previsto focos visuales o espacios centrales que canalizaran los movimientos del visitante del parque. Carente de líneas de visión o enmarques diferenciados, el visitante se debatía entre la monotonía y el desconcierto. Además no se habían previsto plantaciones para crear efectos de distancia y amplitud, ni camuflado el viejo depósito de agua, al que para colmo se habían añadido terrazas para espectadores en una fragante falta de sensibilidad paisajística.

Finalmente en 1857 se decide convocar un concurso internacional, para cuyo éxito se convocó a figuras europeas como Jean Alphand, Joseph Paxton, entre otros. La propuesta elegida en el concurso fue la de los paisajistas Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux, con un proyecto cuyo lema era Greensward (campiña o pradera), que respondía a una disposición de naturaleza artificial y a unas leyes de control que impedían cualquier modificación del parque. Central Park, se inserta en la retícula como reproducción artificial en miniatura de un paisaje extinguido en la isla, un espacio irónicamente salvado de la retícula consumista y artificial, que permitirá conectar a la población con un nuevo valor nacional. Se trataba de restaurar un fragmento del paisaje idílico del río Hudson, llevando al centro de la ciudad la memoria de un antiguo territorio extinguido que serviría como referencia estética y educativa a los ciudadanos: “…en lenguaje pintoresco, se trataba de escuchar el genius loci” [28] Proponer sobre aquel rectángulo rocoso y despojado de toda huella, un paisaje artificial idealizado fue una audacia que excitó la imaginación del jurado para el reencuentro con una naturaleza perdida. Era la esencia de Downing interpretada por Viele y perfeccionada por su antiguo colaborador Vaux y su socio Olmsted.

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39 Paisaje de la isla bajo la red. Mapa topográfico en 1865. Egbert L. Viele

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40 Paisaje idílico de Central Park. Mapa de Central Park 1868.

Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux

En el proyecto final, los caminos se convierten en itinerarios que atraviesan un denso paisaje salvaje pintoresco y los hitos arquitectónicos en espacios para la relación y contemplación social. El acercamiento a estos lugares para una población tan diversa y multicultural se producía mediante el encuentro previo con el paisaje pintoresco. Era una mística que daba cierta capacidad de ausencia de vida social como antesala, una necesidad de conexión intima y personalizada con la naturaleza. Esta interlocución de la conciencia humana y la naturaleza, era propio de un sistema de valores holandés heredado, que parecía compatibilizarse con el concepto inglés inspirador de su diseño, que quizá todavía perduraba en las conciencias de los diseñadores de Manhattan. Era un estado previo de acercamiento, la dilatación preparatoria para adentrarse en la cumbre del lugar público, el hito más arquitectónico y colectivo, Mall y Bethesda Terrace, la única línea recta de Central Park. Para Vaux era como la plaza de San Marcos o los Campos Elíseos, lugares de intenso encuentro, un territorio de urbanidad. Era el corazón del parque, el acumulador público por excelencia que permitía poner de manifiesto otro modo distinto de establecer relaciones humanas. El parque se convertía en el perfecto espacio democrático auspiciado por la alta sociedad donde la colectividad resultaba ser la meta del acercamiento transitorio y gradual de la conciencia individualista, un lugar en tránsito negociador de culturas, étnias e intereses diferenciados o contrapuestos donde la naturaleza actuaba como envolvente narcotizante, construyendo así su dimensión más social y cultural.

Esta dimensión social como forma estética de la naturaleza ya fue una lectura personal del propio Olmsted en su visita al Bikenhead Park cerca de Liverpool en Inglaterra, diseñado por Joseph Paxton en 1847, bajo los patrones del paisajismo pintoresquista que lideró Lancelot “Capability” Brown y Humphry Repton en el siglo XVII y XVIII, y con la excepcionalidad de que fue uno de los primeros parques abiertos democráticamente a todas las clases sociales y con la dotación de áreas específicas para actividades colectivas diversas, lo que superaba el concepto heredado de “jardín pintoresco inglés” :

“cinco minutos de admiración, y unos pocos más dedicados a estudiar la forma en cómo había sido empleado el arte de obtener tanta belleza de la naturaleza, y yo estaba dispuesto a admitir que en la América democrática no había nada que pudiera ser considerado como comparable al jardín de este pueblo” [29a]

“No puedo disponerme a describir el efecto de tanto gusto y habilidad que evidentemente había sido empleado; yo sólo le diré, que pasamos por caminos sinuosos, de varias hectáreas y hectáreas, con una superficie variable constante, donde por todas partes crecían cada variedad de arbustos y flores, con más gracia natural, todo ello en las fronteras de más verde, hierba cercana, y todo ello mantenido con pulcritud consumada” [27c]

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41 Bikenhead Park Plan. Joseph Paxton

Esta clara influencia se manifiesta también en la técnica que utiliza Olmsted y Vaux en su propuesta de Central Park, propio del movimiento paisajístico inglés, basado en la comparación de visiones del antes y el después de la intervención, y que el propio Humphry Repton ya había recogido en sus “Red books “que presentaba a sus clientes.

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42 Representación del antes y el después Red Books. Humpry Repton

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43 Vista nº 4 del antes y el después de uno de los lagos

de la propuesta de Olmsted y Vaux para Central Park

Pero la descripción de Olmsted no era tanto una exploración de adquisición de conocimiento o comprensión urbana del lugar como Francesco Careri [30] nos refleja en muchas de sus reflexiones sobre el deambular y la deriva, sino más bien la capacidad catalizadora de la naturaleza de neutralizar confrontaciones y diferencias sociales, en definitiva un campo ingrávido socialmente hablando, con capacidad de urbanidad.

El escritor precursor del movimiento trascendentalista Ralph Waldo Emerson escribía:

“El cuerpo y la mente viciados por la tarea o por la compañía perniciosa, la naturaleza los cura y les devuelve su temple. El comerciante o el letrado que se aparta del estrépito y del tumulto de las calles y mira el cielo y los bosques, vuelve a ser hombre. En su calina eterna, se reencuentra consigo mismo. El ojo semeja exigir para su salud un horizonte. Nunca nos cansamos mientras podamos mirar bastante a lo lejos [31]

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44 Kindred spirits (almas gemelas) 1838.Asher Brown Durand.

Thomas Cole y William Cullen Bryant, en las montañas Catskill, expresando el espíritu curativo de la naturaleza para el hombre.

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45 Bethesda Terrace, Central Park 1901.Maurice Prendergast.

Representación del paisaje de colectividad en Bethesda Terrace, Central Park

La dimensión social de la naturaleza es algo coincidente en los primitivos valores holandeses y en los nuevos diseños de parques ingleses, que parecen tomarse como referencia influyente en la propuesta de Vaux y Olmsted para Central Park, y confirman el elemento común que llega a pervivir entre ambas culturas y que parece convertirse en el nuevo valor nacional de un nuevo país. El mismo efecto de compatibilidad y fusión entre el paisajismo inglés de la época y el sistema de valores holandés también se producía paralelamente en la propia Ámsterdam en Europa. En 1864 un grupo de ciudadanos burgueses encabezados por Christiaan Pieter Van Eeghen estableció la “Asociación para la Construcción de un parque para montar a caballo y pasear”. Compraron varias hectáreas de pastizales y zonas pantanosas en el extremo Sur de la ciudad de Ámsterdam, con el fin de construir una naturaleza imaginada que pudiera ser el reflejo representativo que Ámsterdam no tenía.

El proyecto fue obra del arquitecto David Ene Zocher, y en 1865 “The New Park” (más tarde llamado VondelPark) fue abierto para los miembros de la asociación y para el resto de ciudadanos a cambio de una cuota dineraria. Aunque su concepto no representaba el símbolo de un nuevo valor nacional como se pretendía en Manhattan, la operación manipuladora de trasplante de un paisaje idílico importado de los conceptos paisajistas ingleses más influyentes de la época (movimiento de paisajismo liderado por Humphry Repton con el que Zocher había trabajado), parecía un gesto de similares características de artificialidad al llevado a cabo en Central Park. El contexto inicial era parecido: una zona sin identidad, intrincada entre la presencia cercana del mar, pantanos y pastizales; su modus operandi puramente holandés, resultado artificial sin factores, sin limitación, toda respuesta urbana es válida y posible debido a la ausencia de valor del contexto. Luego el resultado de VondelPark no era más que una manipulación de la naturaleza superponiendo una nueva capa de paisaje pintoresquista importado de otro contexto, con recorridos sinuosos, a través de escenarios de prados, frondosos árboles y lagunas de agua, el visitante perdía cualquier referencia urbana y lograba encontrarse consigo mismo y con el paisaje holandés. Los canales de agua, acompañados de masas de arbolado, se convertían en el hilo conductor del visitante, que atravesaba itinerarios divergentes mediante la fragmentación de caminos a lo largo de su eje.

El paisaje natural por tanto es el elemento activo en ambos parques, en Vondelpark se convierte en un episodio lineal disipador de colectividades entre dos polos extremos urbanos; y en Central Park construye el tránsito gradual desde la individualidad hasta el centro colectivo del parque (Bethesda Terrace y Mall).

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46 Naturaleza como médium entre individualidad y colectividad en Central Park. Juan Moya Romero

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47 Naturaleza como episodio lineal y disipador de colectividades entre polos en VondelPark. Juan Moya Romero

Olmsted diseñó su bosque artificial sabiendo que algún día estaría completamente flanqueado por complejos residenciales de gran altura. Por este motivo fue concebido para dar la apariencia de ser mucho más grande. El parque ocultaba la ciudad en los bordes mediante una espesa y alta vegetación, pero al mismo tiempo permitía observaciones panorámicas que registraban vistas del paisaje interior. A pesar de la clara influencia en el trazado de parques como Birkenhead Park [29b], donde el diseño de recorridos sinuosos hacían casi invisible la mano del hombre en la naturaleza, éstos a su vez ocultaban la verdadera escala total del parque, y esta peculiaridad lo hacían de unas características propias, convirtiéndose en el antídoto al confinamiento urbano. [32]

La transformación artificiosa de su espesor mediante la superposición de una nueva “alfombra” de paisaje sobre un estrato inferior tecnificado de sistemas de drenajes, y éste a su vez sobre la topografía existente; la diferenciación de modos distintos de movilidad con cruzamientos a diferentes alturas: cuatro carreteras transversales casi ocultadas en la topografía, recorridos para paseos paisajísticos en coche, circuitos para carruajes y montar a caballo y senderos para paseos peatonales; todo ello ponía de manifiesto las posibilidades que escondía la sección multicapa como nueva forma de superar dificultades. El proyecto abría las puertas a un mundo sin explorar, donde la sección y la estratificación artificiosa cobraban un primer orden como base de resolución de los problemas urbanos.

Esta diversificación de los flujos de movilidad también se distingue en el planteamiento de diseño de VondelPark, que surge como una gran avenida que atraviesa a distinto nivel la Van Baerlestraat y acaba dividiéndose en una ruta para ciclistas, otra para jinetes y otra para peatones, para volver a unificarse. A diferencia de VondelPark, el diseño de Central Park cuenta como novedad con la introducción del vehículo en el diseño del parque urbano como factor de enlace rápido y eficiente entre áreas Este y Oeste dentro de la isla. La visión placentera de la naturaleza desde el coche en este intervalo de ciudad parecía ser el anticipo conceptual de las posteriores parkways ó vías parque americanas, donde se reinstaurarán los derechos del tráfico rodado y los peatones de una forma armonizada, separando las funciones de ambos. En el diseño de Olmsted parece surgir la ley fundamental de las parkways: debe haber una absoluta libertad de movimiento, un flujo circulatorio mantenido uniformemente en todos los puntos sin interrupción ni interferencia entre modos de movilidad rodado y peatonal. Reflejaba anticipadamente el objetivo fundamental de las vías parque, una vía de huida de la congestión de la metrópoli, para volver a la imagen de los grandes bosques y prados de la conciencia americana, herencia de los primeros colonos.

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48 Portada de la Guía de NYC & Vicinity. American

Automobile Association, Junio, 1963.

Los puentes, túneles y cambios de nivel hacían posible sin interrupciones, un lugar de liberación de los ciudadanos dentro de la prisión de la isla. Mientras que las parkways constituirán más tarde las líneas de huida hacia el paisaje exterior metropolitano de la isla mediante un sistema de transporte urbano rápido y eficiente, Central Park lo hacía como paisaje central de atracción magnética, un polo silenciador y apaciguador de interferencias que extendía sus brazos de forma prospectiva hacia los futuros barrios densos y congestionados de la isla.

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49 Sistema de parkways en el área metropolitana de Manhattan en 1952.

Juan Moya Romero

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50 Sistema modal multinivel. Ilustración de Central Park en 1863. John Bachmann

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51 Central “Park-way” en 1850. Extendiendo sus tentáculos de forma prospectiva sobre el territorio congestionado de la isla.

Juan Moya Romero

La planta igualmente muestra un collage de formas y texturas, entendida como amalgama de potenciales individuales en estado de ser colonizados de mil formas diferentes. El código abierto descontextualizado del Plan de los Comisionados cobraba identidad construyendo su propio paisaje-contexto en potencia. Era el resultado de un problema técnico y no estilístico que trataba de articular de una forma coherente, como un todo único, espacios de diferente naturaleza, unidos entre sí por el uso de materiales vivos. Por encima de todo, Central Park era una gran obra ingenieril, donde la técnica cobraba una especial relevancia para superar lo natural y alcanzar un artificio arcádico. Se tuvieron que transportar 14.000 m3 de tierra vegetal desde New Jersey, se realizaron 10 km de drenajes de agua y 36 pasos elevados, se plantaron 240,000 árboles y llegaron a trabajar hasta 4.000 personas simultáneamente.

A diferencia de los primeros colonos holandeses de Manhattan y la trama de los Comisionados en 1811 que impusieron un urbanismo definitivamente opaco sobre el territorio virgen de la isla, Central Park emerge sobre éste como estrato traslúcido, capaz de transmitir información de los vestigios de una naturaleza modificada.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

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TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN: DE NUEVA AMSTERDAM AL RASCACIELOS. DOSIS 2

Abril 15, 2015

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PRAGMATISMO INGLÉS

Toma una especial importancia en el campo colectivo y en el futuro progreso de la ciudad como toda una identidad de valores importados de Europa comienzan a revelarse por conseguir una autonomía propia como ciudad con sus propias leyes y derechos. El gran visionario del sueño urbano en aquel emplazamiento de Nueva Ámsterdam podría considerarse el colono holandés Adriaen Van Der Donck, hombre de leyes y con espíritu independiente, que lucharía más tarde por un estado de derecho independiente para la colonia:

“Adriaen van Der Donck, aspiraba a un gobierno autónomo y representativo para la colonia, puesto que estaba convencido que algún día aquel enclave superaría a la metrópoli Holanda, la potencia mercantil mundial de la época. Los colonos se rebelaron contra el tiránico gobierno de la Compañía, en una batalla judicial por convertirse en ciudadanos de pleno derecho. Así que cruzó el Atlántico y presentó la demanda ante el Gobierno holandés. Llegó a tocar su sueño americano, pero el estallido de la guerra anglo-holandesa (1652) lo truncó. La estratégica colonia, que a través del río Hudson daba entrada al continente, se convirtió en la presa de dos imperios mundiales.

 Aquel letrado encabezó un Consejo local y recopiló las quejas de los colonos. Con ellas construyó el documento más famoso de la colonia, la Reconvención de los Nuevos Países Bajos, una queja formal de 83 páginas que presentó ante el Gobierno de La Haya en 1650 y que, con el tiempo, consolidaría la estructura de la colonia de Manhattan en el derecho holandés y conferiría a la ciudad de Nueva York una forma y un carácter únicos” [1c]

 La batalla de Van der Donck por conseguir un autogobierno era un trabajo hercúleo porque desafiaba a la Compañía, un organismo imbricado en la República Holandesa. Finalmente en una Europa estable tras la paz de Westfalia, La Haya aprobaría el proyecto, convirtiendo la colonia en ciudad como centro de un gran territorio de ultramar. Pero en 1652, Inglaterra lanzaría una guerra comercial contra Holanda, y la Haya rechazaría probaturas y revocaría el proyecto. Serían más tarde en 1653, cuando Nueva Ámsterdam consiguiera el Estatuto de Ciudad.

En 1664 finalizaría el dominio holandés sobre Manhattan. La rivalidad marítima entre Holanda e Inglaterra se daría por terminada con la rendición de la primera y la colonia pasaría a manos británicas, rebautizándola como New York en honor al Duque de York. Pero previamente el Director de la colonia Peter Stuyvesant y su Consejo negociaría con los británicos 24 artículos de la transferencia provisional con objeto de garantizar la vida, los derechos, los bienes y las libertades a los new-holandeses bajo el dominio británico. Los pragmáticos ingleses respetarían cierto autogobierno, el comercio libre y la libertad de culto, unos privilegios sin precedentes, que funcionaban y que por tanto no se plantearían modificarlos.

Estas bases sobre las que se construiría la ciudad, ocuparía sin duda un lugar de primer orden en la memoria colectiva de ésta, convirtiéndose en los prolegómenos de una sociedad liberal mixta que aspiraría a cumplir el sueño de una gran metrópoli.

Algo de este sueño ya divisaría el propio Van der Donck en su descripción de la colonia para atraer inmigrantes:

“Un territorio como Nuevos Países Bajos, ¿no debería, con las iniciativas y la dirección apropiadas, acabar prosperando? Juzgue usted mismo” [8b]

 De este modo en 1664 el inglés William Hack realizaba un grabado llamado “Plan” del Duque de York en Nueva Ámsterdam, que pretendía representar las pretensiones del sueño holandés bajo un modelo de ciudad evolucionado que quedaría bajo la autoridad británica. En su ilustración muestra de forma idealizada un paso más en el concepto urbano de la colonia inicial, donde las divisiones parcelarias privativas del interior de las manzanas evolucionan hacia un deseo de auto-organización comunal. El autor muestra al mundo un mosaico de fragmentos (manzanas-ínsulas) separadas por calles, con espacios interiores ajardinados y formas geométricas muy diversas. Una vocación de representatividad de un colectivo de esplendor que anunciaba la visión del futuro de Nueva Ámsterdam.

Los vacíos interiores de las manzanas representan el respeto de una sociedad libre y próspera donde las decisiones colectivas empezarían a formar parte del futuro de la ciudad, como ya ocurría en su homónima Ámsterdam. El modelo de jardín geométrico de los palacios franceses e italianos, probablemente era la mejor fórmula importada de representar el poder de una futura burguesía imaginada, antagónica al modelo de jardín pintoresco de sus invasores. El Governors Garden (Jardín de los Gobernadores), situado en el extremo inferior del plano, es también una muestra de este intento de materializar la escena representativa de una alta aristocracia.

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9 “Plan” del Duque de York en 1664. William Hack

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10 Campo de manzanas-ínsula con espacios comunales auto-organizados.

Juan Moya Romero

La manzana con jardín comunal que asume aquí el papel de unidad de organización territorial, anunciaba un modelo de ciudad excluyente donde sólo parecía tener cabida un colectivo pudiente basado en la prosperidad del libre comercio. La manzana se comporta como un objeto-unidad que asume una singularidad propia en el territorio urbano a través de cada vacío interior. Este último parece asumir sus propias reglas que son compartidas por un fragmento social de la población. Era un Gemeinschaft (F. Toönies) basado en la distinción, en el estatus social que la riqueza les proporcionaba.

En esta representación se puede distinguir una de las principales mutaciones del modelo de ciudad europea bajo el nuevo contexto americano. Mientras que el primero se desarrolla a través de transformaciones que afectan a un tejido urbano continuo o sólido, el cual configura el espacio relacional o el vacío, el “Plan” del Duque de York muestra un desarrollo basado en un orden de objetos-manzana que asumen singularidad propia. Este modelo confronta el espacio “público” (la calle) con el vacío comunal en el interior de cada manzana de una mayor proporción, un concepto de fragmentación urbana con autonomía propia, que más tarde veremos materializarse en la conquista de la dimensión vertical en el modelo de objetos-ciudad (los rascacielos), que Rem Koolhaas denominaría “ciudades dentro de otras ciudades” [11a].

La cohabitación de los aspectos liberales de la sociedad multiétnica holandesa y el pragmatismo conservador de la sociedad inglesa, daría lugar a una convivencia llena de conflictos y reequilibrios constantes, que se traduciría en el germen de una futura cultura metropolitana basada en la latencia y el cambio. La pericia de los comerciantes holandeses se intensificaba con una visión inglesa más pragmática de producción manufacturera, llevando a la ciudad al éxito en la actividad productiva y dotándola de una gran capacidad exportadora comercial. Esta circunstancia constituye la antesala de un pensamiento maquinista que posteriormente se iría forjando sobre el espacio público y las tipologías edificatorias en el proceso de densificación de la ciudad, donde el hombre será considerado mercancía bajo unos mínimos intolerables de subsistencia y el urbanismo un instrumento de control social impulsado por las clases hegemónicas. Así lo refleja la planta del barco Brook diseñado para un apilamiento perfecto de esclavos que eran traídos de África para mejorar el funcionamiento manufacturero de la ciudad, y que no es más que el reflejo conceptual de apilamiento de un rascacielos abatido a una posición horizontal.

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11 Planta del barco Brook para traslado de esclavos

en el siglo XVIII desde África al Nuevo Mundo.

 En el Plano de la isla realizado por Carwitham en 1730, se deduce esta gran apuesta por el avance mercantil y el rápido desarrollo del puerto del East river como motor económico de la ciudad. Los límites de la ciudad desaparecen y la prolongación de las calles concéntricas que predecían los trazados del Plano de Castello con la previsión de conectar el puerto natural con el Norte de la isla comienza a hacerse realidad. Broadway Street como eje vertebrador del Plano de Castello, Broad Street (y su prolongación Nassau Street) y Smith Street (y su prolongación William Street) extienden hacia el Norte el nuevo desarrollo del puerto y cobran un gran potencial urbano como ejes principales de movilidad y urbanidad. Los nuevos crecimientos urbanos hacia East River convierten el original borde marítimo en un nuevo eje urbano que se convertirá en colector de todo el trazado radial de calles del Plano de Castello. Esta situación de entronque provoca el nacimiento de Hannover Square bajo unas condiciones urbanas muy similares a Bowling Green, y un área de intersecciones entre dos direcciones de trazado con un alto grado de efervescencia en el sur de la ciudad, que la dotará de una alta capacidad de atracción para el comercio. De una forma indirecta en el sur de Manhattan emergen casualmente las condiciones del entretejido de dos tramas, forjándose las ventajas del cruce, o lo que más tarde sería la retícula ó grilla como modelo depurado.

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12 Plano de New York en 1730 John Carwithham

13 Intersección de doble trama radial. Hannover Square. Juan Moya Romero

La morfología de manzana del Plano de Castello se ve aquí consolidada, densificando todo su contorno y extendiéndose hacia el Norte. La calle empieza a asumir una nueva función de espejo de una nueva sociedad avanzada que quiere mostrarse al mundo, en clara convivencia con las ventajas de la propiedad individual que se ve traducida en la fragmentación del patio interior de manzana reflejo del inicio de un nuevo liberalismo basado en la riqueza de los mercados.

En 1733, el Consejo Común arrendó una parte de la plaza de armas del Bowling Green a tres terratenientes, bajo la promesa de crear un parque que sería “el deleite de los habitantes de la ciudad “ y añadir a la vez “belleza y ornamento”. La imagen de la calle empezaba a tomar importancia como carta de presentación de la ciudad hacia el mundo, y era sostenida mediante la prosperidad de los mercados. Se empezaba a consolidar la antesala de la futura City Beautiful que empezaría a cobrar un cierto interés en las cuestiones de la ciudad como imagen de un nuevo producto.

Este sistema empezaba a tener resultados visibles y comenzará a abrir una gran brecha entre la vieja cultura europea y la nueva cultura.

Un oficial inglés escribe en 1756:

“La nobleza de esta ciudad me sorprende….No me podía imaginar que se encontrara un lugar en América consistente en unas 2.000 casas, elegantemente construidas con ladrillo, con aspecto distinguido, frente a unas calles pavimentadas espaciosas, dotadas de confortables muelles y almacenes, y que emplee a varios centenares de navíos para sus lejanos negocios y para la pesca. Así es esta ciudad, y ninguna ciudad de Inglaterra podría rivalizar con ella” [12].

Por su parte, John Adams, un viajero inglés leal a la corona inglesa relata las diferencias que empiezan a existir entre el Viejo y el Nuevo Mundo en 1774:

“A pesar de toda la opulencia y esplendor de esta ciudad, no es posible encontrar en ella mucha urbanidad. Hemos sido tratados con respeto constante. Pero no he visto ni un solo caballero, ni un solo hombre bien educado desde que llegué a la ciudad. En sus ratos de ocio no mantienen conversaciones agradables. No son modestos, no prestan atención unos a otros. Hablan muy alto, muy rápido y todos a la vez. Si te hacen una pregunta, antes de que puedas pronunciar tres palabras te interrumpirán y seguirán con su charla” [13].

La filosofía urbana del laissez faire y la convicción de la existencia de una mano invisible que favorecería el interés colectivo, empezaba a tener un peso importantísimo en la ciudad. Bajo esta filosofía aparecen las llamadas Coffee House o Casas Café, un prototipo traído de la tradición europea que en Manhattan empezó a surgir como tipología alterada. Las Casas Café de Londres o París fueron siempre los centros de la vida social de la ciudad, pero en Manhattan empiezan a adquirir una peculiaridad sobresaliente en relación a la tradición europea, y es que en ellas, se celebraban las Asambleas Generales y las Reuniones del Consejo de la Ciudad. La Casa Café adquiere el carácter de Foro Cívico de la ciudad, un lugar privado para las decisiones públicas. Esta característica tan importante nos revela una disolución de la jerarquía de la institución del gobierno de la ciudad, que se desplaza hacia el terreno de lo cotidiano, eliminando cualquier representación simbólica y destacada dentro del modelo urbano. Las decisiones de la ciudad son consideradas una transacción más, y se deciden en lugares que habitúan los ciudadanos y los comerciantes para establecer alianzas y pactos. Esta particularidad no hará más que forjar los objetivos de lo que será más tarde la retícula de Manhattan, estableciendo como objetivo el valor de equidad en el territorio colectivo sin distinciones.

“A los habitantes de Nueva York:

Me causa inquietud, en este momento de dificultad y peligro, descubrir que en esta ciudad no tenemos un lugar para la reunión del día a día, donde poder escuchar y exponer las inquietudes de todas las partes de la ciudad y libremente debatir unos con otros todos aquellos asuntos que nos ocupan. Tal lugar de reunión es una gran ventaja en muchos aspectos, especialmente en un momento como éste, por la satisfacción que proporciona y la forma social que tiende a mantenerse entre nosotros, que nunca fue tan deseada que en el tiempo que nos ocupa. Para responder a estos y a muchos otros buenos propósitos, las casas café han sido universalmente consideradas los lugares más convenientes para el descanso, ya que, por una pequeña parte de tiempo o dinero, las personas pueden encontrarse y hablar, pueden citarse, oír las noticias de actualidad, y todo aquello que les interese conocer. En todas las ciudades y grandes pueblos que he visto en los dominios británicos, se ha dado el suficiente estímulo para apoyar, de una manera distinguida, una o más casas café. ¿Cómo es posible entonces que Nueva York, la ciudad más céntrica, y una de las más grandes y prósperas de América, no pueda respaldar una casa café? Es un escándalo para la ciudad y sus habitantes estar desprovistos de tales ventajas, por falta de la debida motivación. De hecho, hay una casa café muy buena y cómoda, muy bien cuidada y acomodada, frecuentada por un número considerable de personas; y he observado con sorpresa, que sólo una pequeña parte de los que la frecuentan contribuyen algo para el mantenimiento de la misma, entrando y saliendo sin pedir ni pagar nada. En todas las casas café en Londres, es habitual que todo el que entre pida por lo menos un café, o deje el valor del mismo, que es algo más que razonable, ya que si los empresarios de estas casas han corrido con el gasto de instalarlas y proveerlas de todas las necesidades y comodidades, todo el que entra a disfrutarlas debería aportar algo para su sustento.

Un amigo de la ciudad” [14].

Paralelamente a esta disolución de toda representación simbólica de lo público en la ciudad, los únicos edificios que aglutinaban un mismo colectivo cultural o racial, eran tratados curiosamente con cierta representación singular. Era la convivencia de la protección general a través de la institución como defensa de la equidad y la democracia, pero con un absoluto respeto a la multi-identidad. En el Plano de New York de T. Maerfchalckm de 1763 se ilustran diferentes iglesias, escuelas (Dutch free school, England free school), casas de acogida (Poor house, Black houses…) y los llamados Meetings o lugares de encuentro (Presbyterian Meeting, Quakers Meeting, Baptist Meeting, New Lutheran Meeting…) donde se producían relaciones colectivas entre los colonos de igual procedencia para compartir la religión y tradiciones comunes. La relación comunal de la distinción que se vislumbraba en el espacio colectivo de manzana del “Plan” para el Duque de York, se ve aquí trasplantada hacia estos lugares, que comienzan a convertirse en polos atrayentes de ciertos radios de acción sobre el territorio público de la ciudad.

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14 Plan de New York en 1763. T. Maerfchalckm

 El área llamada The Common anticiparía lo que más tarde será el City Hall Park, resultado del encuentro entre tramas (al igual que Bowling Green y Hannover Square), y contenido por una laguna natural. Estos tres espacios públicos constituyen áreas tangenciales a un perímetro de calles circundantes alrededor de las cuales surgen variados espacios para colectivos de una misma raza, cultura y religión, comportándose como colectores de mezcolanza y diversidad urbana. La calle como unívoco artificio de accesibilidad en el territorio, empieza a convertirse en la auténtica génesis de un espacio verdaderamente urbano y complejo, que permitirá mostrar al mundo unos rasgos culturales completamente nuevos que prefiguran lo que más tarde será el gran fulgor de la metrópoli. La diversidad social que Jane Jacobs [15] propugna como factor determinante del verdadero espacio público en la gran metrópoli, se ve aquí cartografiada como identidad de una sociedad avanzada y moderna para su época.

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 15 Complejidad social en el espacio público en 1763:

Bowling Green, the Common y Hannover Square. Juan Moya Romero.

 Las calles N-S empiezan a ser los ejes de una forma de crecimiento lineal hacia el norte y acaban cerrándose mediante anillos concéntricos y confluyendo en Bowery Lane como nuevo eje extensivo. La forma de crecimiento urbano apoyado en ejes, propio de un crecimiento lineal [16] resulta cerrándose hacia un modelo de anillos tangentes entre sí que se retroalimentan y que en la parte Sur refuerzan mucho más los efectos de encrucijada urbana entre tramas que más tarde dará lugar a la grilla o retícula como soporte ideal de los nuevos crecimientos.

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16 Metamorfosis del modelo de crecimiento suburbano al modelo

de anillos tangenciales. Juan Moya Romero

Era evidente, que para el desarrollo y emancipación de esta nueva cultura era preciso romper con la dependencia de la corona inglesa, lo que generaliza la figura del “patriota” [6b] dispuesto a sentirse libre y plenamente ciudadano de este continente, y encontrando como su principal enemigo a la corona inglesa. Alexander Hamilton, uno de los pioneros de la revolución americana alertaba al nuevo hombre newyorkino de la necesidad de la ruptura con el sistema monárquico y el nacimiento de una democracia basada en los mercados:

“la prosperidad de este lugar ya no depende de unos reyes, sino de los comerciantes y sus transacciones” [17]

Este sentimiento independentista, sumado a la imposición de impuestos por parte de la corona inglesa para ciertos productos de la colonia, provocaron entre 1775 y 1783 la Guerra Revolucionaria de la Independencia que enfrentó a las trece colonias británicas norteamericanas contra el Reino de Gran Bretaña, consiguiendo finalmente la independencia de las mismas.

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17 Grabado del derribo de la estatua de Jorge III de

Inglaterra en Bowling Green. William Walcutt

En 1776, pleno periodo bélico, el Plano de New York de Ratzer sitúa los nuevos crecimientos urbanos entre la prolongación de Broadway y la ribera del rio Hudson, así como en ambos márgenes de Bowery Lane (actual Bowery Street). En este periodo no se preveía un crecimiento urbano hacia el Norte muy elevado, puesto que edificios como el City Hall, situado en sus inmediaciones, se proyectaron con la fachada principal orientada hacia el Sur y dando su espalda a la cara Norte.

Junto a Bowery Lane aparece una reserva de espacio público, centro de un nuevo crecimiento: Delancey´s new Square. Quizá el primer espacio público planeado para una nueva zona residencial de lujo promovida por la poderosa familia Delancey, que durante la Revolución Americana apoyaban activamente la corona inglesa y se vieron obligados a exiliarse y a abandonar sus tierras, que más tarde fueron confiscadas por el Estado de Nueva York. El trazado de estos nuevos crecimientos se realiza bajo la regla de la grilla, que parece encontrar en la calle tramada el medio de raciocinio del suelo y por tanto de máxima rentabilidad, y de ningún modo una primera intención de democratización urbana. Así se refleja en el claro acotamiento de los límites de la propiedad del suelo de estos recintos de nuevo crecimiento, sin prever en ningún momento la gran extensión futura y la prefiguración reticular de lo que más tarde se convertiría en la base del trazado hipodámico del Plan de los Comisionados de 1811.

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18 Plano de New York de 1776. Bernard Ratzer

 Broadway perdía su continuidad pasado el actual City Hall Park (The Commons). En la parte posterior de The Commons existía un punto de afloramiento de agua dulce (The Collect Ponds) que se convertiría en el punto de abastecimiento de agua para la ciudad durante el periodo de ocupación holandés e inglés, y desde aquí nacerían dos corrientes de agua Este y Oeste que establecían una frontera natural pantanosa Este-Oeste en la isla.

Collect Ponds se convirtió inicialmente en un lugar público de atracción para el recreo al aire libre y era utilizada como pista de patinaje en los inviernos helados newyorkinos. Pero pronto se asentarían en la zona las industrias de curtidores, cordelerías, mataderos y cervecerías vertiendo sus residuos en dicho punto y convirtiendo este lugar a finales de siglo en un vulgar sumidero de alcantarillado.

Junto a este punto de afloramiento de agua se ilustran los llamados VauxHall Gardens (1767) y los Ranelagh Gardens (1765), jardines privados realizados a semejanza de sus homónimos en Londres, donde los ciudadanos y los soldados a cambio de un módico precio se evadían de la ciudad buscando recreo y diversión. La carencia de espacios públicos para el ocio en la ciudad, convertían en un negocio privado estos jardines, situados en las afueras de la ciudad, donde se realizaban actos de música, mascaradas y exposiciones al aire libre y se contemplaban fuegos artificiales durante la noche.

El escritor de viajes John Lambert los visitó posteriormente en noviembre de 1807 y escribió:

“Nueva York tiene su Vauxhall y Ranelagh, pero son pobres imitaciones de los de Londres. Son, sin embargo, lugares agradables de recreo para los habitantes. El jardín Vauxhall se encuentra en la carretera de Bowery, cerca de dos millas (3 kilómetros) del Ayuntamiento. Se trata de una plantación ordenada, con paseos de grava adornada con arbustos, árboles, bustos y estatuas. En el centro hay una gran estatua ecuestre del general Washington. Fuego, piezas musicales, interludios, etc. se llevan a cabo en un pequeño teatro situado en una de las esquinas de los jardines: el público se sienta en lo que se llama el foso y cajas al aire libre. La orquesta se sitúa entre los árboles, y un gran aparato se construye para la exhibición de fuegos artificiales. El cuerpo teatral de Nueva York se dedica principalmente a Vauxhall en verano….” [18a].

Los Leisure gardens (jardines de ocio) se convertirán en los espacios que sembrarán la sensibilidad social newyorkina hacia los futuros parques de atracciones como Coney Island y a la disneyficación del espacio colectivo. El lugar de ocio se convierte en una necesidad nueva e imperante en la época, donde la gente en unas condiciones existenciales podía escaparse ocasionalmente para recuperar el equilibrio mental. Las mascaradas, trapecistas, juegos, fuegos artificiales…construyen un espacio laboratorio de experiencias soñadas que sensibilizarán al ciudadano newyorkino hacia una nueva cultura metropolitana. El Leisure garden se convierte en el embrión donde poner a prueba experiencias colectivas que más tarde se extenderán a toda la ciudad y en especial al espacio colectivo del rascacielos.

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19 El baile del trapecista en el Vauxhall Garden.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1a] [1b] [1c] Shorto, Rusell. Manhattan: The Island at the center of the World. New York: Vintage Books. A division of Random House Inc, 2005.

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[24] Van Gennep, Arnold. Los ritos de paso. s.l: Alianza Editorial, 1909.

[25] Turner, Victor. Liminal a liminoide en juego, de flujo y el ritual: un ensayo de simbología comparativa. s.l: Estudios Universia Arroz, 1974.

[26a] [26b] Bryant, Cullen. New York Evening Post. 4 Julio, 1844.

[27a] [27b] [27c] Jackson Downing, Andrew. A treatise of theory and practice of landscape gardening adapted to North America; with a view to the improvement of country residences. Boston: CC Little and Co, 1841.

[28] Ábalos Vázquez, Iñaki. Atlas Pintoresco Vol 2: Los viajes. s.l. : Gustavo Gili, 2008.

[29a] [29b] Law Olmsted, Frederick. Walks and talks on an american farmer. New York: George P. Putnam, 1852.

[30] Careri, Francesco. Walkscapes: El andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili, 2002.

[31] Waldo Emerson, Ralph. El espíritu de la naturaleza. Buenos Aires: Errepar, 1836.

[32] Martínez García- Posada, Ángel. Tiempos de Central Park. s.l: Instituto universitario de arquitectura y ciencias de la construcción. Universidad de Sevilla, 2011.

[33] Venturi, Robert, Scott Brown, Denise y Izenour, Steve. Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. s.l: The MIT Press, 1972.

[34a] [34b] Guzmán- Guzmán, César Ernesto. Una vuelta a la manzana. Las ordenanzas y la forma urbana. Bogotá: Bitácora 12. Departamento de urbanismo de la universidad de Colombia, 2008.

[35] De Mandariaga Sánchez, Inés. Introducción al urbanismo. Conceptos y métodos de la planificación urbana. Madrid: Alianza Editorial, 1999.

[36] Life Magazine: Real state Number. Marzo 1909.

[37] S. Kayden, Jerold. The New York City Privately owned public space proyect, New York City. s.l: John Wiley and sons Inc, 2000.

[38] Busquets, Joan. Ciudades X formas: una nueva mirada hacia el proyecto urbanístico. s.l. : Nicolodi, 2007.

[39] Rosenzweig, Roy y Blackmar, Elisabeth. The Park and the people: a history of Central Park. New York: Cornell University Press, 1992.

[40] Le Corbusier. Cuando las catedrales eran blancas. Viaje al país de los tímidos. Madrid: Apóstrofe, 1935.

[41] Vazquez, García. La ciudad hojaldre. Visiones urbanas del siglo XXI. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

[42] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad. . s.l: Gedisa, 1993.


TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN: DE NUEVA AMSTERDAM AL RASCACIELOS. DOSIS 1

Abril 15, 2015

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METAMORFÓSIS DE LA CULTURA HOLANDESA: NATURALEZA, MULTICULTURALIDAD, INDIVIDUALIDAD Y LIBRE MERCADO

“A diferencia de los archivos de otros asentamientos, que se conservaron y contribuyeron a definir la historia de los norteamericanos, el de la colonia no inglesa fue objeto de maltrato, riña y olvido. Siguiendo la tradición, los norteamericanos se convencieron de ser descendientes de un grupo de puritanos trabajadores, devotos y culturalmente homogéneos y relegaron el pasado holandés al arcón de las curiosidades…” [1a]

La colonización holandesa de Manhattan constituye un capítulo muy corto en el tiempo, pero tremendamente esencial que marcará para siempre el futuro de la cultura manhattaniana y sus posteriores desarrollos.

Giovanni da Verrazano fue el primer europeo que descubre el lugar de la que se llamaría más tarde Nueva Ámsterdam en 1524. Pero su informe sobre esta localización fue tan indiferente que ni siquiera decidió desembarcar y despertar alguna expectativa en sus clientes, la Corona francesa.

“Es un lugar bastante agradable, no sin algunas riquezas” [2]

No será hasta 1609 cuando Henry Hudson en su búsqueda de una nueva ruta hacia Asia por el Norte, a cargo de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, desembarcará por primera vez en la isla, anunciando en Europa las posibilidades estratégicas de ésta para el comercio. El informe de Robert Juet, oficial de Hudson, describe las excelentes posibilidades de desarrollo territorial, y la primera visión de materializar allí un sueño urbano:

“Es una buena protección para los vientos de todas las procedencias, y la tierra es la mejor que he visto en mi vida para el cultivo. Si nuestros industriosos granjeros se instalaran aquí, pronto transformarían esta jungla en un paraíso, donde ningún hombre pasaría hambre…jamás me había apoderado de una tierra tan rica y agradable” [3]

Cobra especial importancia en el desarrollo de toda la cultura urbana manhatanniana hasta nuestros días las características de identidad que fueron importadas por la sociedad holandesa y que comenzaron a modelar un nuevo pensamiento sin precedentes en la isla. Los valores de una sociedad heterogénea como lo era ésta en el siglo XVII, hacen comprender con mayor claridad los caracteres del proceso de evolución del primer asentamiento urbano disperso de baja densidad arraigado a la naturaleza, que posteriormente aspirará a un modelo de densificación vertical como metamorfosis de unos mismos rasgos.

El informe de Hudson para la Compañía Holandesa era bien distinto al de Verrazano y no pasaría desapercibido, puesto que el imperio holandés en este periodo era realmente sensible a las posibilidades de explotación y de obtención de productos de todo el mundo para posteriormente comercializarlos.

Su economía liberal, basada en los principios del comercio global, no sólo convierte a la futura New York en el centro de la riqueza y en la capital del mundo, sino que constituye un rasgo esencial que dota al lugar urbano de unas características y connotaciones muy singulares. El inglés Daniel Defoe nos revela esta característica del imperio comercial por todo el mundo, donde la inestabilidad, en este caso del mercado, se convierte en un factor decisivo y subordinado a la vida urbana de la futura Manhattan:

“Los holandeses deben ser entendidos como lo que realmente son: los típicos comerciantes, los ejecutores y los intermediarios de Europa. Compran para volver a vender en seguida, traen para acá para mandar luego para allá, y la mayor parte de su vasto imperio comercial consiste en obtener suministros de todas las partes del globo, de modo que luego pueden ofrecer estos suministros a cualquier otra parte de forma inmediata” [4]

Russell Shorto [1b] también hace una excelente alusión a la sociedad holandesa de esta época, describiendo la colonia como una sociedad multiétnica y comercial porque la República Holandesa lo era y lo promovía. Se debe tener en cuenta que era un Estado de burgueses comerciantes recién liberado del yugo del imperio español, que relucía en su Siglo de Oro: potencia hegemónica del comercio mundial y excepción liberal en una Europa de monarquías y fundamentalismos. Allí bullían las revolucionarias ideas de Descartes, Spinoza y Grocio, padre del derecho internacional, y era el lugar de atracción para inmigrantes de todo el continente, que lo convertían en el crisol de las culturas de Europa. El sueño americano de Manhattan realmente era holandés, y partía de una acepción multicultural y de libertades excepcionales en aquella época que aspiraba a ocupar el lugar más privilegiado.

“Las colonias inglesas y holandesas representan consecuentemente los extremos conservadores y liberales del XVII. A ellas se remontan las dos Américas de hoy, la urbana y la rural; la republicana, unitaria; y la demócrata, formada por muchos grupos [5]. Manhattan como excepción, se manifiesta como un complejo proceso evolutivo de reequilibrios de ambas culturas, dando como resultado un modelo urbano donde su espacio colectivo se llena de intersecciones, cambios de dirección, contradicciones y puntos de inflexión entre ambos pensamientos, lo que la convierte en una mutación de alta complejidad por excelencia.”

El primer establecimiento como colonia en Manhattan en 1623 formado por 30 familias llegadas desde Holanda se sitúa en una ubicación estratégica al sur de la isla, obedeciendo a la encrucijada de los dos ríos más largos del noreste de Estados Unidos, y convirtiéndola en la puerta del comercio hacia el Norte, y en el punto de control defensivo del territorio frente a invasores desde el mar. El territorio circundante curiosamente era muy similar al territorio marítimo holandés, intrincado en una combinación de tierra y agua que contaba con 800 millas de playa, varias bahías y 4 estuarios [6a] que lo convertía en un lugar estratégico y con grandes posibilidades para su desarrollo.

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1 Territorio de tierra y agua. Enclave estratégico de la isla de Manhattan.

Juan Moya Romero

Las instrucciones traídas desde Europa por el ingeniero Cryn Fredericksz contenían un modelo de trazado para la nueva ciudad. El núcleo de la misma debía ser un fuerte pentagonal:

“Se debía abrir un foso de 24 pies (7,3m) de anchura y 4 pies (1,2m) de profundidad para definir un rectángulo que se extendiera 1.600 pies (488m) desde el mar hacia el interior y 2.000 pies (610 m) en anchura.

Una vez delimitado como se ha dicho el exterior del foso circundante, se delimitaría otros 200 pies (61m) en el interior a lo largo de tres lados A,B,C, con el fin de situar dentro las viviendas de los granjeros y sus huertos, y el resto quedaría libre para la construcción de más casas en el futuro.

Fuera del fuerte, al otro lado del foso, habría doce granjas colocadas con un sistema de parcelas rectangulares separadas por zanjas de agua” [7a]

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2 Reconstrucción del plano para el fuerte y la villa de New Ámsterdam en 1625.

Pero estas instrucciones de trazado, concebido como un concepto de ciudad ideal alejado de todo contexto, se revelaban inadecuadas para el terreno situado en la punta Sur de Manhattan. Así pues, el modelo urbano sufre un giro sorprendente resultado del encuentro con un territorio virgen donde desarrollar nuevos deseos y fantasías.

En el modus operandi de los holandeses no existía el factor contexto como tal, precisamente porque las ciudades de la Holanda europea siempre se habían construido bajo una batalla constante contra el territorio, siempre impropio para el hábitat y lleno de dificultades, y esta característica les permitía eliminar factores iniciales e iniciar acciones con mayor libertad bajo un territorio donde el contexto era considerado poco útil, y donde se procedía normalmente a extinguirlo y a reinventarlo.

Finalmente se construye un fuerte más pequeño y un trazado que, bajo este “instinto holandés”, consigue alcanzar una singularidad propia como origen visionario de un territorio nuevo domesticado. La naturaleza existente en esa porción de la isla y toda la cultura indígena se verá progresivamente extinguida y suplantada sin prejuicio alguno.

Fredericksz se ocuparía inicialmente del establecimiento de un Sistema Catastral en 1642 para controlar las construcciones anárquicas de vivienda de los colonos. Aunque todavía no se vislumbra un orden claro del trazado de calles, si que existe un primer intento de implantación de un orden bidimensional sobre el territorio como primer medio de equilibrio y de estabilidad urbana, que constituye por un lado el inicio de un futuro pensamiento reformador, que más tarde se verá culminado con la Red y la defensa de las instituciones democráticas como medio para mantener la solidaridad, el interés cívico y las sanas costumbres. De forma paralela, el territorio se divide en grupos de parcelas de tierra que se entregan a los colonos. Los diferentes colores y tamaños del mosaico de lotes parcelarios del plano catastral permite anunciar con cierta propiedad el reflejo de una sociedad de colonos inicialmente heterogénea, de diversas procedencias culturales y estatus social, y por tanto una clara apuesta por la explotación individual bajo un claro liberalismo. La ciudad se empieza a considerar como un medio de producción, haciendo emerger en un posterior periodo la figura del boss que sabrá ganar su lealtad social mediante la creación de un mercado del trabajo que amortiguará la figura del inmigrante ofreciéndole protección y medios mínimos de subsistencia [8a]. El pensamiento liberal y el equilibrio cívico, a través de la defensa del urbanismo como medio de control, parecen convivir en paralelo desde el primer asentamiento colonial, lo que dotará al espacio colectivo de unas características de mezcolanza iniciales totalmente insólitas.

A posteriori llegarán las edificaciones a modo de casas-granja ocupando el perímetro de los grupos de parcelas y reservando en su interior espacios libres para huertos y jardines de cada colono, valores sin duda heredados de la tradición rural holandesa que se han traducido hasta nuestros días en la ideología anti urbana americana. El sueño de la prosperidad individual traducido en grandes polígonos suburbanos de baja densidad situados en las afueras de la ciudad (el sprawl), que aspirarán a la íntima y estrecha relación del hombre con la tierra y la defensa de la familia como único círculo seguro de las amenazas existentes en el ámbito del ámbito público.

El lote se convierte en un reflejo del pensamiento individualista y liberal de sus colonizadores y al mismo tiempo en la unidad base vertebradora de un orden reformador que pretende racionalizar el territorio virgen de la isla, todavía con escasos caracteres de lo que podríamos denominar urbe. La calle será el artificio subordinado al lote, que parece garantizar la estabilidad y el equilibrio urbano y la adecuada accesibilidad y propiciar principalmente el libre movimiento de la mercancía desde la tierra hacia el mar

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3 Sistema catastral de New Ámsterdam 1642. Cryn Fredericksz

El concepto de la nueva Colonia es una reproducción de valores de la cultura urbana holandesa, secuestrados de su contexto y trasplantados a un nuevo emplazamiento. La Nueva Ámsterdam significa un fragmento alterado de ciudad ideal holandesa en la isla. Un urbanismo que podía ser fabricado artificialmente, sin accidentes, ni condicionantes como lo era Holanda, y por tanto, con capacidad inicial para hacer realidad cualquier deseo. Su estructura urbana contenía no obstante todos los elementos de una ciudad holandesa de la época: una muralla que acotaba la ciudad respecto al resto de la isla, calles trazadas con canales para facilitar el acceso de barcos hacia la ciudad, un molino, un fuerte no solo militar sino que acogería un mercado, un hospital, una escuela y una iglesia, y una estructura urbana de baja densidad en estrecha relación con la explotación rural.

La particularidad americana de la colonia holandesa reside en el trazado y características de su espacio colectivo. En 1660 se realiza el llamado Plano de Castello, un mapa de la ciudad de Nueva Ámsterdam dibujado por el agrimensor Jacques Cortelyou. La vista aérea muestra con gran detalle la estructura urbana de la colonia, donde la calle parece haber introducido un orden formal más claro en el territorio, y dibujar unos contornos más definidos en los diferentes grupos de lotes territoriales.

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4 Plano de Castello para Nueva Ámsterdam en 1660. Jacques Cortelyou.

La nueva colonia se organiza a partir de una calle N-S (actual Broadway Street) que separa dos estructuras morfológicas diferentes: una estructura concéntrica de calles que delimitan manzanas con lotes reducidos dotada de canales de agua para el movimiento de mercancía y cuyo centro se sitúa en el nordeste; y una larga manzana estructurada ortogonalmente con lotes de mayor tamaño y con un carácter más representativo. La intersección de ambas estructuras da lugar a un ensanchamiento en forma de embudo en la actual Broadway Street que acoge Fort Ámsterdam y provoca la aparición del primer espacio “público” de la ciudad conservado hasta nuestros días: Bowling Green. Un espacio no planeado como tal y que más bien se fue auto-construyendo circunstancialmente como lugar estratégico de intersección (meeting point) por reunir ciertas cualidades de centralidad adecuadas para las relaciones colectivas y de intercambio comercial.

Aún valorando la reducida escala de la colonia, que acerca la dimensión social a una escala de un gran barrio, y considerando los valores de la sociedad tradicional holandesa arraigada a las relaciones sociales heredadas de la defensa de la individualidad, la confianza, y la intimidad del núcleo familiar bajo reglas de control objetivable, podríamos creer enmarcar este espacio dentro de lo que Ferdinand Tönnies denominó en 1887 como Gemeinschaft o espacio comunal. Pero la heterogeneidad cultural de la sociedad que allí se implantó y la encrucijada urbana en la que se situaba la nueva colonia introducía el conflicto y el pacto en la escena social, luego Bowling Green se convertía en un lugar donde el constante equilibrio-desequilibrio social, el surgimiento de relaciones impersonales entre desconocidas culturas, vínculos independientes ó relaciones contractuales acordadas lo hacían verdaderamente un espacio anticomunal, más bien asociativo y más cercano al Gesellschaft. [9]

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5 Morfología concéntrica y ortogonal del Plano de Castello.

Juan Moya Romero

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6 Intersección de ciudad concéntrica y ortogonal: Bowling Green.

Juan Moya Romero

El trazado concéntrico de las calles de la ciudad, parece tener como centro un lugar paradójicamente sin interés, puesto que el verdadero potencial del trazado no es el de sus calles radiales hacia un centro, sino la de sus calles y canal concéntricos que acometen de forma perpendicular con el puerto natural del East River y la nueva muralla (actual Wall Street), con la intención de posibilitar una buena comunicación de mercancías desde el mar con el norte de la ciudad, y prefijar de una manera totalmente visionaria unas líneas futuras de crecimiento urbano hacia el norte de la isla.

En la manzana del Plano de Castello se manifiesta el verdadero culto al individualismo y el arraigo a la vida rural que ha quedado latente en la propia cultura holandesa hasta nuestros días, y que constituirá un factor importantísimo en el proceso posterior de densificación vertical de la ciudad. Hasta mediados del siglo pasado el valor de lo comunal en Holanda parecía incierto. Como testimonio destacan las manzanas del Plan de Berlage en 1915 para el Ámsterdam Sur [10], que cuentan con patios interiores que no son comunales, sino particulares de cada vivienda, y la tipología de vivienda dúplex adoptada sobre un sistema de 3 a 4 pisos que garantiza la relación inmediata con la calle a través de una serie de accesos individuales, generando una estructura de relación con ésta totalmente propios. Individualidad (patio individual)-colectividad (calle) anulan toda posibilidad de espacio intermedio, cerrando el círculo de la relación comunal (Gemeinschaft) al espacio doméstico y la familia; y convirtiendo la calle en un área para el conflicto y la interacción entre agentes de una sociedad diversa y compleja (Gesellschaft).

7 y 8 si

7, 8 Accesos individualizados. Ámsterdam Sur. Berlage 1915.

Marta Rodríguez Fernández

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

[1a] [1b] [1c] Shorto, Rusell. Manhattan: The Island at the center of the World. New York: Vintage Books. A division of Random House Inc, 2005.

[2] Verrazano, Giovanni de. Diario de viaje de Giovanni de Verrazano. The relation of Iohn de Verrazano a Florentine, of the land by him discovered in the name of his Maiestie, Londres. Londres: s.n., 1809.

[3] Juet, Robert. The journal of the voyage of the half-moon, Henry Hudson, master, from the Netherlands to the coast of North America in the year 1609. New York: s.n., 1841.

[4] Somers Somers, John. The judgment of whole kingdoms and nations concerning the rights, power and prerogative of kings and the rights, priviledges and properties of the people. Londres: T. Harrison. University of Michigan, 1710.

[5] Shorto, Rusell. Diario El Pais. 30 Abril 2011.

[6a] [6b] [6c] [6d] Piza, Antonio. Pla, Mauri. Chicago-New York. S.l.: Abada Editores, 2012.

[7a] [7b] William Reps, John. The Making of urban America. S.l.: Princeton University Press, 1965.

[8a] [8b] Ciucci, Giorgio, y otros. La ciudad americana: de la Guerra Civil al New Deal. Barcelona: Gustavo Gili, 1975.

[9] Tönnies, Ferdinand. Comunidad y sociedad civil. Edición 2001. s.l: Cambridge University Press, 1887.

[10] Petrus Berlage, Hendrik. Obra Completa. Editorial Electa Spa, 2002

[11a] [11b] [11c] Koolhaas, Rem. Delirio en New York: un manifiesto retroactivo para Manhattan. Barcelona: Gustavo Gili, 1974.

[12] Burns, Ric. New York: an illustrated history. S.l.: Alfred A. Knopf, 2003.

[13] Adams, John. The political writings of John Adams. Washington D.C.: George Carey W., 2000.

[14] New York Journal. October 19, 1775.

[15] Jacobs, Jane. Muerte y vida de las grandes ciudades. Madrid: Capitán Swing Libros, 1961.

[16] De Solá Morales i Rubió, Manuel. Formas de crecimiento urbano. Barcelona: Ediciones UPC, 1997.

[17] Truslow Adams, James, Jefferson, Thomas y Hamilton, Alexander. Jeffersonian principles and Hamiltonian principles; extracts from the writings of Thomas Jefferson and Alexander Hamilton. Boston: Little Brown and Co, 1932.

[18a] [18b] Lambert, John. From travels through Canada and the United States of Noth America in the years 1806, 1808, Empire City: New York through the Centuries. New York: Columbia University Press, 1808.

[19] Morales, De Solá-. Territorios. Barcelona: Gustavo Gili, 2003.

[20a] [20b] [20c] [20d] [20e] Bridges, Williams. Map or the city of New York and Island of Manhattan with explanatory remarks and references. Alemania: Gale, Sabin, 1811.

[21a] [21b] Alois Shumpeter, Joseph. Socialismo, capitalismo y democracia. 1942.

[22a] [22b] Holloway, Marguerite. The measure of Manhattan. The tumultuous career and surprising legacy of John Randel, Jr. s.l.: WW.Norton and company , 2013.

[23a] [23b] K. Spann, Edward. The Greatest Grid: the New York Plan of 1811. Baltimore: Daniel Schafer. John Hopkins University Press, 1988.

[24] Van Gennep, Arnold. Los ritos de paso. s.l: Alianza Editorial, 1909.

[25] Turner, Victor. Liminal a liminoide en juego, de flujo y el ritual: un ensayo de simbología comparativa. s.l: Estudios Universia Arroz, 1974.

[26a] [26b] Bryant, Cullen. New York Evening Post. 4 Julio, 1844.

[27a] [27b] [27c] Jackson Downing, Andrew. A treatise of theory and practice of landscape gardening adapted to North America; with a view to the improvement of country residences. Boston: CC Little and Co, 1841.

[28] Ábalos Vázquez, Iñaki. Atlas Pintoresco Vol 2: Los viajes. s.l. : Gustavo Gili, 2008.

[29a] [29b] Law Olmsted, Frederick. Walks and talks on an american farmer. New York: George P. Putnam, 1852.

[30] Careri, Francesco. Walkscapes: El andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili, 2002.

[31] Waldo Emerson, Ralph. El espíritu de la naturaleza. Buenos Aires: Errepar, 1836.

[32] Martínez García- Posada, Ángel. Tiempos de Central Park. s.l: Instituto universitario de arquitectura y ciencias de la construcción. Universidad de Sevilla, 2011.

[33] Venturi, Robert, Scott Brown, Denise y Izenour, Steve. Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. s.l: The MIT Press, 1972.

[34a] [34b] Guzmán- Guzmán, César Ernesto. Una vuelta a la manzana. Las ordenanzas y la forma urbana. Bogotá: Bitácora 12. Departamento de urbanismo de la universidad de Colombia, 2008.

[35] De Mandariaga Sánchez, Inés. Introducción al urbanismo. Conceptos y métodos de la planificación urbana. Madrid: Alianza Editorial, 1999.

[36] Life Magazine: Real state Number. Marzo 1909.

[37] S. Kayden, Jerold. The New York City Privately owned public space proyect, New York City. s.l: John Wiley and sons Inc, 2000.

[38] Busquets, Joan. Ciudades X formas: una nueva mirada hacia el proyecto urbanístico. s.l. : Nicolodi, 2007.

[39] Rosenzweig, Roy y Blackmar, Elisabeth. The Park and the people: a history of Central Park. New York: Cornell University Press, 1992.

[40] Le Corbusier. Cuando las catedrales eran blancas. Viaje al país de los tímidos. Madrid: Apóstrofe, 1935.

[41] Vazquez, García. La ciudad hojaldre. Visiones urbanas del siglo XXI. Barcelona: Gustavo Gili, 2004.

[42] Augé, Marc. Los no lugares. Espacios del anonimato. Antropología sobre la modernidad. . s.l: Gedisa, 1993.


5 dosis de e-bookprofeno

Abril 13, 2015

e-bookprofeno

Con motivo de la Feria del Libro de Granada 2015, desde 17/04/2015 hasta el 26/05/2015, queremos recetaros 5 dosis de e-bookprofeno, consistentes en 5 extractos esenciales de TRANSFIGURACIONES EN MANHATTAN  con idea de combatir los sintomas de la adicción televisiva y el espectáculo banal, y  fomentar la lectura y la cultura contemporánea.